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domingo, 30 de agosto de 2015

Hecha la trampa, hecha la ley

El fraude electoral es moneda corriente de la cultura política argentina. El caso reciente de Tucumán no es una novedad: sólo ha puesto en evidencia algo que sucede siempre y prácticamente en todos lados. Desde el diario La Gaceta alguien hizo un resumen de las prácticas fraudulentas más comunes:

1. Compra de votos
2. Movilización organizada de votantes
3. Robo de boletas
4. Voto cadena
5. Urnas cargadas
6. Compra de fiscales

Lo cierto es que esas prácticas existen porque no existe la voluntad de erradicarlas, ya que acabar con todo eso es más que simple:

(1) y (2) se eliminan con prisión EFECTIVA de dos a seis meses para quienes incurran en intercambio de votos por dádivas -desde muebles y alimentos hasta dinero o drogas- y en acarreo de votantes (se podría sumarle a eso la incautación del vehículo por el plazo de un año).
(3) y (4) se eliminan con la implementación de la boleta única plegable y la eliminación del cuarto obscuro para suplantarlo por esos atriles en donde no se puede ver a quien vota el elector, pero si se puede ver si alguien saca o guarda la boleta de su bolsillo (con ello se evita el voto cadena).
(5) se elimina con la implementación de urnas transparentes de plástico, similares a las que se usan en muchos países de Europa.
(6) se elimina realizando las elecciones en etapas. Es decir si un día se vota en una ciudad, y al día siguiente en otra diferente, y luego en otra más, ello permitiría que todas las fuerzas políticas puedan poner un fiscal de confianza en cada mesa.

Es tan simple hacer esto que señala que lo difícil es no hacerlo o, peor, no querer hacerlo. O las medidas anti-fraude se toman ya, o seguiremos en lo mismo por siempre. 

domingo, 23 de agosto de 2015

Con la democracia no se jode

En 2012, cuando mimebros de la gendarmería y de la prefectura decidieron organizar una huelga para reclamar por su salario, algunos en Argentina se sobresaltaron. La casta partidocrática -tanto los oficialistas como los opositores- creyeron que los uniformados estaban preparando un golpe de Estado y entraron en pánico. Alfredo Olmedo, en cambio, tomó el lado del pueblo y se mostró solidario con quienes protestaban.

De cualquier manera lo que más se recuerda de aquel episodio fue que las huestes imberbes del kirchnerismo salieron a las calles e inundaron miles de paredes con la leyenda “Con la democracia no se jode”. La frase, poderosa y pegadiza, podría haber funcionado como un eslogan generacional, pero hubo un pequeño detalle que se lo impidió: la inexistencia de la democracia.

En efecto, la democracia en nuestro país es una fantasía que sólo existe en los discursos de los políticos y en los deseos de la gente. Fuera de esos ámbitos no hay nada que se asemeje a la democracia.

Ciertamente el concepto de democracia es muy amplio, y reducirlo al hecho de pararse frente a una urna cada dos años es simplificar las cosas. Pero lo cierto es que ni siquiera ese acto tan elemental del voto funciona en este país, ya que la adulteración de la voluntad popular a través del empleo de prácticas clientelares, compra de voluntades y trucos sucios en cada comicio es la moneda corriente. Por tanto nos queda la tristeza de comprobar que los mismos que salieron a decir que con la democracia no se jode, son los primeros en joder a la democracia. La única manera de experimentar la democracia es sin ellos, pues ninguno es en verdad un demócrata. 

sábado, 15 de agosto de 2015

Típica postal post-eleccionaria

Especialistas en materia electoral ponen la mira, sobre todo, en provincias como Santiago del Estero, Formosa o Misiones, donde la estructura del oficialismo es cada vez más fuerte y la oposición tiene menos poder para fiscalizar. Pero las irregularidades se replican por todo el país. En muchos casos, reconocen desde la oposición, el problema no sólo es tener los fiscales necesarios sino que estén bien preparados.
Desde el frente Cambiemos, hicieron un análisis de todos los telegramas y se encontraron con diferentes cuestiones en las que están poniendo el ojo. Encontraron unas 2.500 mesas donde los candidatos de Cambiemos tenían votos en todas las categorías menos para presidente. En alrededor de 9.500 mesas había una diferencia de más de 50 votos entre categorías. Y además, cuentan que hay 2.100 telegramas que no fueron procesados en el escrutinio provisorio. 
El error más repetido es que no coincide el total de ciudadanos que votaron en la mesa con el total de votos contados. Incluso hay diferencias entre los votos de cada categoría (de haber votos en blanco o nulos, debería dar el mismo total). Un pormenorizado estudio de la Fundación Argentina Equilibrio (FAE), vinculada al Frente Renovador, muestra que en las PASO de 2011 hubo 44% de mesas con irregularidades de este tipo y en las de 2013, 30%. En muchos casos, los presidentes de mesa se ausentan y ese lugar termina siendo ocupado por un fiscal partidario, algo que está prohibido por ley. Varias de esas situaciones se dieron en el Conurbano, según una deununcia que los apoderados de Cambiemos presentaron en el juzgado electoral de La Plata. También incluyen una larga lista de impedimentos y hasta amenazas que sufrieron sus fiscales. 
En Santiago del Estero, en tanto, se repiten las denuncias de mesas donde la autoridad es un funcionario del gobierno del matrimonio Zamora. PERFIL pudo detectar, al azar, dos mesas (724 y 851), en las que el DNI firmante figura como empleado del gobierno provincial. 
En ese distrito es en el que más porcentaje de votos sacó Daniel Scioli (66%). Y como en toda elección, pasan cosas curiosas, como telegramas con el 100% de los votos para el oficialismo o a lo sumo unos votos aleatorios para opositores. Quizás eso explique que Mauricio Yattah haya salido tercero en Guasayán (5%) y cuarto en Atamasqui y San Martín (3%). 
PERFIL analizó los resultados en el departamento de Alberdi, donde Scioli sacó el 85%. Los dos pueblos más grandes son Campo Gallo y Sacháyoj. Y la diferencia en el resultado es sorprendente: en el primero Scioli sacó el 91% y en el segundo apenas 61% (contra 31% de Macri). 
En Misiones también se detectaron muchas irregularidades. Los apoderados de Ramón Puerta pidieron abrir mil urnas por dudas que generaban los telegramas. En muchos casos veían votos para los presidenciables (Massa y De la Sota) y ninguno para él. La Justicia aceptó abrir sólo 200 urnas (incluyendo pedidos de otras fuerzas) y así lograron “recuperar” unos 4 mil votos.

lunes, 18 de mayo de 2015

Si hubiera que creerles a los números

En las generales la fórmula Romero + Olmedo obtuvo menos votos que en la PASO. Ello es algo raro, pero factible. Lo que no me termina de cerrar es por qué, en las elecciones de 2013, ambos candidatos sumaban casi el 50% de los votos por separado, y ahora, juntos, sumaron apenas el 30%. 

Ese voto que se fugó de Romero + Olmedo, ¿era voto olmedista anti-romerista? ¿Cuál es el piso olmedista? ¿5%? ¿10%? ¿15%? 

Creo que cualquier resultado menor a 35% para Romero + Olmedo es sospechoso. La gente no es esquizofrénica, en un lapso tan corto como dos años no puede haber la variación que hubo.

Creo que a estas alturas el voto debería ser público en lugar de secreto. Ello simplificaría las cosas para la democracia. 

domingo, 26 de abril de 2015

¿En Salta no pero en Santa Fe si?

En Santa Fe se comprobó que el frente gobernante realizó un fraude escandaloso en las PASO celebradas en su provincia. El kirchnerismo fue quien más insistió en el tema. 

En Salta la denuncia es similar, sin embargo el kirchnerismo mantiene un silencio casi total, y cuando hablan sólo es para decir que la elección fue limpia y legítima. ¿Para los K es algo imposible que haya habido fraude en Salta pero es totalmente real que lo hubo en Santa Fe? 

lunes, 13 de abril de 2015

La “tramparencia”

Una vez más, la democracia argentina produjo un fraude. Y un fraude escandaloso. Más allá de la catarata de denuncias sobre el voto electrónico (gente que fue a votar, falló el sistema y terminó metiendo en la urna un voto en blanco, gente cuyo voto no coincidía con lo que habían presionado en la pantalla, etc.), hay una cuestión evidente de números. Alfredo Olmedo dijo que, en 2013, él ganó en Rosario de Lerma como candidato a Senador, sin embargo, en esta elección, el candidato a intendente del Frente Romero + Olmedo se impuso en la ciudad, en tanto que la fórmula gubernamental terminó perdiendo ante el oficialismo. ¿Acaso los rosarinos se desenamoraron de Olmedo para apoyar nada más y nada menos que a Urtubey?

Veamos los números de 2013: en las PASO, Olmedo obtuvo el 19,84% y Romero el 21,86% de los votos válidos; en las generales, en cambio, el primer candidato consiguió el 22,64%, en tanto que el segundo hizo el 24,57%. Romero + Olmedo fueron la primera opción del 41% del padrón salteño. ¿Cómo puede ser que juntos pierdan 8 puntos?

Probablemente a más de un votante le cayó mal la alianza entre dos hombres tan disímiles como Romero y Olmedo. Pero dudo que los romeristas hayan abandonado a su candidato por juntarse con Olmedo: Olmedo representa un conservadurismo moral que promueve la vida, el orden, la familia, la seguridad y la paz; probablemente haya algún homosexual romerista o algún ultraliberal que esté en contra del discurso olmedista, ¿pero necesariamente esa persona apoyaría a Urtubey, un candidato también conservador en muchos aspectos? 

Los romeristas que abandonaron a su líder por vincularse a Olmedo se deben contar con los dedos de la mano. Si algo ha hecho Romero a lo largo de su carrera como político ha sido la de incorporar gente de todo color y pelaje a sus filas, por lo que Olmedo lejos está de ser una rara avis en un armado romerista.

Ahora bien, quienes si pudieron haber rechazado la fórmula son los votantes de Olmedo. A Olmedo lo apoya el pueblo trabajador salteño –que lo ve como un hombre al que pueden acceder– y un sector de la clase media antikirchnerista que, si bien puede ser que no esté de acuerdo con la retórica olmedista, lo consideran un hombre honesto, que hizo su fortuna trabajando en lo suyo y no extrayendo dinero del Estado. Esa gente –me refiero, claro, al segundo grupo– pudo haberse inclinado hacia Urtubey para evitar el regreso de Romero. ¿Pero la sangría del voto olmedista anti-romerista es tan grande como para abarcar ocho puntos (unas 50.000 adhesiones)? ¿Hay tanta gente que aborrece más a Romero que al kirchnerismo?

Yo creo que no. Creo que las encuestas anteriores a la elección que marcaban entre un 39% y 42% para la fórmula Urtubey-Isa, y entre un 37% y un 40% para la fórmula Olmedo-Romero, son correctas.

Entonces hubo fraude.

En 2013, en esas elecciones a las que se presentaron Romero y Olmedo por separado, hubo urnas de cartón y boletas de papel. Ahora, en cambio, solamente urnas electrónicas (las urnas de cartón siguen estando, y los votos en papel también, pero son un dato anecdótico que parece que nadie quiere molestarse en controlar).

En las elecciones presidenciales de 2011 ya había acontecido algo similar: en distritos gobernados por la oposición, ganó Cristina Kirchner con comodidad. ¿Acaso los argentinos sufren de esquizofrenia política? ¿O hay otra cosa?

Salta fue parte de una estrategia. No hace falta que hable aquí de la pésima imagen que tiene el voto electrónico a nivel internacional. Lo impusieron en Venezuela y Nigeria, pero lo rechazaron en Austria y Suecia. Sin embargo no creo que vayan a imponerlo aquí, país más cercano a Venezuela que Austria. Lo que creo que van a imponer es la idea de que el kirchnerismo no está muerto.

Quiero decir el NOA no es feudal porque la gente sea pobre e ignorante, es feudal porque existe la idea de que la gente es pobre e ignorante. Ello facilita los manejos políticos, los contubernios y las prácticas fraudulentas. Cuando el tucumano Alperovich ganó con un escandaloso 78% en el 2007, fue –según una opinión muy difundida– porque sus comprovincianos son unos “negros” que “no aprenden más”. Obviamente que el tucumano no es así, pero la idea ya está instalada en el imaginario popular. Entonces un gobernador hebreo puede obtener ese resultado inverosímil sin ser cuestionado.

Tras el triunfo de Urtubey aparecieron Florencio Randazzo, Aníbal Fernández y “Wado” de Pedro, tres personajes que no habían asomado la nariz durante la campaña, ya que sólo Romero y Olmedo habían nacionalizado la elección al invitar a Massa y a Macri a que los apoyen. Los kirchneristas quieren ahora apropiarse del triunfo, pues sea fraudulento o no, es la prueba de que todavía están de pie sobre el ring. Ello es falso, claro, pero así como está muy arraigada la idea de que los tucumanos son así y asá, también buscan arraigar la idea de que el argentino es kirchnerista por naturaleza. 

El ciclo político argentino, entonces, parece no acabar nunca. La nueva república que iban a fundar quienes se oponen al actual oficialismo se enfrenta a un sciolismo enérgico y cada vez más parasitado por kirchneristas.

Imposibilitados de ser salvados como en otras oportunidades por los patriotas de las FFAA, a los argentinos sólo nos queda la rebelión ciudadana. La casta política nacional (que incluye a oficialistas y opositores) tiene miles de razones por las cuales colapsar, pero mientras la gente no reaccione, entonces seguiremos como ahora: viendo crecer a la “tramparencia”.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Treinta años y todavía

El sabor amargo

Las elecciones del domingo pasado me dejaron un sabor amargo. No fue la derrota del candidato al que apoyaba lo que me disgustó, pues hoy en día el pueblo argentino tiene derecho a elegir quien lo conduzca y eso es algo que yo respeto serenamente. Lo que me fastidió, en realidad, fue que se materialice uno de mis mayores temores: la tergiversación de la voluntad popular.

En la Argentina votar es algo obligatorio, el que no lo hace recibe sanciones por ello. Y aún así, tras treinta años de interactuar amigablemente con las urnas, no existen las garantías de que ese acto sea debidamente respetado. Periódicamente lo obligan a uno a concurrir a votar, pero después adulteran la votación que uno hizo, como si la decisión que uno tomó no sirviera para nada. Esto no sólo es lamentable, sino que además es indignante.

Alfredo Olmedo denunció que estos últimos comicios habían sido muy irregulares. Le creo. Porque, aunque no lo pareciese, había mucho juego. El que más iba a perder –todos lo sabemos– no era el Gobernador Juan Manuel Urtubey, sino el nefasto Senador Nacional Juan Carlos Romero.

La campaña electoral fue repugnantemente sucia, plagada de eventos extraños, agresiones, injurias, calumnias y bajezas políticas. Ello no fue casual. Imaginar a Romero haciendo todo lo posible para retener sus fueros luego de una vida entera de protagonismo político no es descabellado. A Argentina en los últimos 30 años la han saqueado, y en el medio de aquel saqueo estuvo el famoso Juan Carlos Romero. ¿Pero fue él inocente? ¿Acaso el sólo se dedicó a observar con las manos en los bolsillos mientras los demás se enriquecían con el dinero del tesoro público? Hay muchos indicios de que Romero ha hecho méritos para ir a parar a un calabozo, aunque, claro, eso deberá determinarlo la Justicia, la cual, por ahora, no podrá hacerlo debido a los inesperados resultados del 27 de octubre.

Mentiras y verdades

Yo fui uno de los muchos salteños que el domingo pasado escuchó los boca de urna y se emocionó con el triunfo de Olmedo, y que luego se entristeció al enterarse de que el recuento oficial desmintió a los encuestadores. De cualquier manera me surge la duda: ¿los encuestadores mintieron y la justicia electoral dijo la verdad, o fue al revés?

Todos sabemos que las consultoras que se dedican a realizar encuestas son buenas para dibujar resultados e instalar con ello en la opinión pública la idea de que el candidato que los contrató ganará en los próximos comicios. Es una forma de hacer propaganda encubierta. Ahora bien, ¿por qué una empresa mentiría tan groseramente con los boca de urna, dado que la elección ya está definida y su incidencia en la misma en nula? Yo no encuentro razón alguna para justificar ello, por lo que el sentido común me hace confiar más en lo que digan las consultoras que en lo que diga la justicia electoral. Y los encuestadores dijeron que Olmedo ganó.

Sin embargo el domingo pasado, en cuestión de horas, Olmedo pasó de ganador a perdedor, lo cual es llamativo. Después de las PASO, Romero sabía que Olmedo crecería hasta superarlo, por lo que centró su campaña en atacar al Diputado Nacional. Es decir, la estrategia romerista consistió en tratar de mostrar que Olmedo y el kirchnerismo (tanto el provincial como el nacional) son aliados, pese a que las ideas, actitudes y acciones de uno y otro sean diametralmente opuestas. Romero confiaba en que retendría sus votos y que, gracias a su campaña calumniosa contra Olmedo, los votos antikirchneristas que no llegaron hasta él en las PASO irían a otra de las opciones que no fuese Olmedo. Dicho de otro modo, tras las PASO la incógnita de quien triunfaría en las elecciones se desvaneció, pues Rodolfo Urtubey demostró que el gran consagrado sería él, por lo que el último tramo de la campaña se centró en disputar el segundo puesto. ¿Por qué un antikirchnerista confiaría más en Romero que en Olmedo? No niego que Romero sea un fiel representante de la Oposición (el más fiel quizás) y que Olmedo es un candidato independiente que, aliado al pueblo salteño, no juega el juego político de Oficialistas contra Opositores, ¿pero acaso la gente olvidó el prontuario del Júcaro?, ¿acaso es preferible un hombre necesitado de fueros antes que alguien que propone lo que la gente pide? No me parece raro que a Romero lo hayan votado, me parece raro que, estando al borde de la derrota como lo estuvo, de una elección a otra haya incrementado tan ampliamente el número de adhesiones.

Algunas pruebas y muchas conjeturas

Para que no crean que estoy hablando desde el resentimiento o la envidia, me parece oportuno ofrecer pruebas de las irregularidades. Para ello basta con revisar los telegramas que las autoridades de mesa enviaron a la justicia electoral para hacer el recuento de votos (dichos telegramas están disponibles libremente en Internet).

Veamos:
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En esta mesa del departamento Anta figura que hubo 177 votos. Si uno cuenta los votos registrado para la categoría Senador Nacional notará que el resultado es 176, mientras que en la categoría Diputado Nacional figuran 182 votos en total. Es notorio, además, que el 8 del 28 que registra el Partido de la Victoria parece un 3 adulterado. 3 + 8 = 5. 177 + 5 = 182.
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En esta mesa de Metán figura que hubo 244 votos, sin embargo la suma para Senador Nacional da 231 y la de Diputado Nacional, 229. Llama la atención que el romerismo ganó ampliamente esa mesa y Salta Somos Todos apenas consiguió 4 votos.
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Esta es una mesa de Capital. Nuevamente a esta gente le falló la calculadora: figuran 285 votos emitidos, pero la suma total en la categoría Senador Nacional da 281, y la de Diputado Nacional, 278.
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Otra mesa capitalina. 292 votantes, 284 votos en la columna de Senador Nacional, 295 en la de Diputado Nacional. Hay también una mancha sobre los votos a Jasbel Singh; la mancha cubre, evidentemente, dos cifras; la primera de esas cifras parece ser un 7.
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Estos son los casos más graves. Departamento Santa Victoria. La mesa 3243 registra 113 votos. Sin embargo, al sumar, 109 votos aparecen en la categoría Senador Nacional y 108 en la de Diputado Nacional. Es curioso que el Frente Popular Salteño registre 27 votos para Romero y 26 para Durand Cornejo, mientras que más arriba se lee que el MIJD, una colectora romerista, sumó 3 votos. ¿Los tres votantes de Ibarra cortaron boleta?

La mesa 3244 es, por su parte, mucho más irregular que la anterior. Figuran sólo 21 votos emitidos, pero la categoría de Senador Nacional registra 19 y la de Diputado Nacional 11, ¡y todos para Evita Isa! La cuestión se vuelve más grave al indagar sobre las autoridades de mesa: la presidente, María Angélica Domínguez, puso un DNI que, si se consulta en el padrón, se comprueba que le pertenece a un hombre. Ahora bien, si a su vez uno se fija en el padrón a través del nombre, encontrará que la única María Angélica Domínguez cuyo DNI comienza con treinta y tres millones ¡vive en Córdoba!

También es extraño que ambos telegramas hayan sido llenados por la misma persona, pues la letra manuscrita en uno y otro es la misma. Quizás ello se deba al analfabetismo de las autoridades de mesa. Puede ser. Espero que así sea.

Creo que este repaso breve sobre un puñado de telegramas demuestra que pasaron cosas raras en las últimas elecciones, algo que, tristemente, es muy común en estos contextos. Pero el problema es que hay otras irregularidades (como el bloqueo y la compra de fiscales, sustitución de identidad del votante, voto cadena, etc.) que no se pueden mostrar con tanta facilidad. Conociendo Salta, conociendo a Romero, no me quedan dudas de que ellas existieron.

lunes, 7 de octubre de 2013

Fracaso electrónico

No creo que sea una exageración sostener que las PASO de ayer fueron un fracaso. En Orán, el  Diputado Nacional Alfredo Olmedo fue uno de los primeros en señalar que el acto de elegir autoridades estaba siendo opacado por el sistema dispuesto para ello. Desde las páginas de El Tribuno, es decir desde el órgano oficial del romerismo, se llegó a calificar de “jornada caótica” al episodio electoral de ayer.

El voto electrónico generó toda clase de problemas en Salta. Creo que el mejor resumen sobre lo ocurrido con la nefasta innovación lo proporcionan los Caro Figueroa:
El paso "a producción" de un sistema que solo se había ensayado de forma parcial en elecciones anteriores, desmintió en pocas horas varios años de propaganda gubernamental en torno a la comodidad y eficiencia del nuevo sistema. 
El dispar comportamiento de las máquinas y la deficiente formación de autoridades de mesa, técnicos, fiscales, apoderados y electores, condujo a un caos solo superado por la enorme cantidad de candidaturas que se ofrecían a los ojos (y dedos) de los votantes. 
Las reclamaciones comenzaron desde hora temprana y se centraron en dos aspectos principales: el imprevisible comportamiento de las máquinas y las largas esperas para poder utilizarlas. 
La sencillez del sistema saltó por los aires cuando los electores debieron enfrentar colas de hasta una hora en escuelas poco preparadas para las esperas prolongadas. 
La privacidad del voto desapareció, no solo porque el emplazamiento de las máquinas no guardaba en muchos casos la distancia necesaria para asegurar al elector un mínimo espacio de intimidad, sino porque muchas personas necesitaron de la asistencia de otras para poder grabar su voto. 
Muchas máquinas dejaron de funcionar y debieron ser reemplazadas por otras, sin que las autoridades de mesa pudieran asegurarse que el mal funcionamiento no afectó la forma en que las boletas fueron grabadas por la máquina fallida. Las impresoras con que los terminales vienen equipadas provocaron más de un inconveniente que acentuaron los retrasos y los enojos entre los electores. 
Contrariamente a lo que afirmaba la propaganda del gobierno, el voto electrónico no impidió el despliegue de prácticas corruptas y de intentos de fraude. 
Varias personas resultaron detenidas al comprobarse que ofrecían dinero a los electores a cambio de su voto. A diferencia de elecciones anteriores, el sistema extorsivo tenía ahora algún viso de prosperar, ya que con el voto electrónico el elector se retira de la mesa con un comprobante impreso de su elección, algo que no sucede con el voto de papel. 
Muchos activistas rentados por los partidos se disfrazaron de instructores del Tribunal Electoral para inducir el voto de los electores menos avisados frente a los terminales de práctica dispuestos en la mayoría de las escuelas. 
La comunicación de los datos del recuento sufrió una inusual interrupción de una hora, echando por tierra la especulación del gobierno en torno a que los datos se conocerían con mucha mayor anticipación que en elecciones anteriores. Las protestas generalizadas no consiguieron empero que la autoridad electoral despejara las dudas acerca de la verdadera causa de tan prolongado corte en la comunicación de los resultados.
¿Y cuáles fueron los beneficios de todo este suplicio? Creo que ninguno. Hoy vemos que en Capital el PJ, el PO, Salta Somos Todos y el Frente Salteño eran las cuatro fuerzas más votadas. ¿Pero esto es realmente así? ¿Podemos estar seguros de ello después de tanto voto cantado, cortes en la fibra óptica y emisión de comprobantes útiles para el ejercicio del clientelismo? El voto electrónico me deja más dudas que certezas.

jueves, 12 de septiembre de 2013

La máquina de votar o el voto maquinado

En un artículo publicado en El Tribuno de hoy, Armando Frezze reflexiona en torno a las urnas electrónicas y escribe esto:
Sus defensores describían entonces la equidad y la transparencia del sistema, su fiscalización segura y la eficiente rapidez con la que entregaba los resultados, exponiendo como fundamento las experiencias parciales desarrolladas en los comicios de 2009, 2010 y 2011. Sus detractores, con igual entusiasmo, subrayaban la falta de confiabilidad, enumerando las democracias del primer mundo que han probado y luego desechado la votación electrónica por insegura. También se oponían porque la tecnología a utilizar no era de propiedad estatal y porque la puesta en marcha no nació de la Legislatura provincial ni del Tribunal Electoral sino que fue una iniciativa privada de una empresa comercial, algo que los más escépticos describieron como una privatización de las elecciones salteñas. El tiempo fue diluyendo las discusiones, aunque no ganando consenso.
Es cierto que las discusiones se diluyeron, porque en realidad las discusiones nunca se dieron. Lo que si se dio fueron un montón de chicanas de bajo calibre: recuerdo, entre otras cosas, al Indio Godoy diciendo que los que criticábamos a las urnas electrónicas suponíamos que había un enano adentro cambiando los resultados. 

Ahora Salta está condenada a esta práctica. En unas cuantas semanas se sabrá exactamente cuan tremendo ha sido el fraude orquestado por los que manipulan las máquinas, y cuan grande es el desprecio por parte de los gobernantes de turno de la decisión de los ciudadanos. 

jueves, 29 de agosto de 2013

Fraude para la Victoria

Robustiano Pinedo publicó en El Tribuno una impactante nota acerca del abandono que padece la gente en Santa Victoria Este. Es tanto el desinterés del gobierno argentino por estos compatriotas que a muchos de ellos no se los considera ciudadanos argentinos, por lo que ni figuran en los padrones, y varios de los que si lo hacen no aparecen en los padrones de la localidad (los que viven en Misión La Merced figuran en los padrones de la localidad de La Merced, los que viven en Misión San Luis figuran en la provincia de San Luis, y muchos aparecen registrados en la localidad de Santa Victoria Oeste, una comarca andina que sólo comparte con su hermana chaqueña la pobreza extrema). 

Lo más indignante del asunto es la descarada y delictiva compra de votos que el Oficialismo realiza. 



En esa escuela Urtubey obtuvo 116 votos, Romero 21, Zottos 7 y Olmedo 4.

lunes, 12 de agosto de 2013

Un dato no menor

En el departamento San Martín, tierra de Sergio Leavy, el Frente para la Victoria obtuvo más de 33.000 votos, algo así como el 49% de los votos totales. En el mismo departamento pasó esto: 
En Salvador Mazza y Embarcación se registraron cuatro denuncias en la Policía, de personas que no pudieron votar, porque cuando llegaron a la mesa que le correspondía sufragar le dijeron que ya figuraban que habían votado en horas de la mañana.
Para muestras, un botón basta. 

sábado, 10 de agosto de 2013

El fraude

El domingo pasado, el diario Clarín publicó un artículo de Jorge Lanata en el que se leía: 
“Hay un nivel de fraude e irregularidades mucho más alto de lo que el ciudadano piensa, incluso del que yo vi siendo candidato a presidente en 2007. No va a haber un 2015 normal si el 2013 sale mal”, dijo Roberto Lavagna a FM Identidad. 
“El Gobierno se juega la vida en esta elección. No descarto que intenten modificar el resultado de los votos”, opinó el denarvaízta Gustavo Ferrari. 
“La competencia es desleal porque el 92% de los fiscales del oficialismo eran empleados públicos, se utilizan recursos del Estado en función de la fiscalización”, dijo Gerardo Milman, del GEN. 
“El sistema de boletas está hecho para la trampa. Roban las boletas, las esconden, las cambian de lugar y por último está el escrutinio final”, dijo Humberto Tumini, de Libres del Sur. 
Martín Hernández, diputado, presidente del Comité Provincial de la UCR, presentó en abril ante la Fiscalía Federal Número 1 de Formosa una denuncia penal por los votantes paraguayos con domicilio binacional que cobran pensiones y otros beneficios sociales argentinos a cambio de votos. En la última elección de 2011 se produjeron denuncias por falta de boletas, sobres no habilitados para votar en el Colegio Carlos Pellegrini, sellos ilegibles, telegramas manipulados, boletas falsas de Duhalde y robo de votos en los telegramas de Pergamino, entre otras localidades. 
La convicción general de distintas fuentes consultadas por este diario es que el fraude nunca puede llegar a ser de tal entidad que dé vuelta un resultado nacional, pero todos, a la vez, aceptan que “pequeños” o “medianos” fraudes forman parte del panorama electoral. Y esa definición de “pequeños” o “medianos” bien puede ser varios concejales o un legislador, según los distritos. 
Pablo Olivera da Silva, coordinador nacional de capacitación de la Red Ser Fiscal, afirmó a Clarín que, puesto a investigar sobre las denuncias judiciales, “son muy pocas las que llegan al Juzgado Electoral Número 1 con competencia electoral de La Plata, a cargo de Manuel Blanco”. “Por ejemplo, de 2007 no hay una sola denuncia. En 2009 había alrededor de 200, de las cuales el ochenta por ciento eran personas que denunciaban en comisaría que habían ido a votar y en la mesa les decían que ya lo habían hecho: sustitución de identidad de votantes, algo que en política podría definirse como picardía pero es en realidad un delito serio, tiene de uno a tres años de condena”. Da Silva aporta otro dato insólito: si se busca en la página web de la Justicia Electoral, el lector podrá encontrarse con dos pdf con padrones masculino y femenino de electores que tienen 99 años y más. Suman diez mil los electores con más de 99 años.
En estas elecciones hay mucho en juego para el gobierno, por lo que el fraude es una opción que seduce al Oficialismo. La gente de la Oposición señala que, con mayor o menor alevosía, lo turbio puede presentarse en las urnas.

Es interesante como el artículo de Lanata tipifica los posibles modo de adulterar los resultados de las elecciones: 
1) Irregularidades preelectorales: manipulación de urnas, interceptación de telegramas para designación de autoridades de mesa, violación de veda, adulteración de padrones o cambio del escrutinio provisorio efectuado por la empresa española INDRA. 
2) Irregularidades de apertura: toma del centro de votación por parte de un puntero político bajo la figura apócrifa de “dueño, encargado o jefe de escuela”, ausencia deliberada de autoridades de mesa, voto cadena (cuando se roban sobres de la mesa con la firma del presidente y los fiscales, se lo llena afuera y al volver a entrar se lo cambia por un nuevo sobre, así sigue luego la cadena), sustitución de identidad del votante, rellenado de urnas con sobres con votos adicionales. 
3) Irregularidades de clausura: cierre anticipado de la mesa, adulteración del resultado del escrutinio, bloqueo a fiscales, reemplazo de urnas por otras ya adulteradas. 
4) Irregularidades post electorales: reemplazo de urnas o de telegramas de camino al destino final, manipulación informática, demora en la entrega del material informático para los partidos, hallazgo de material de rezago en vía pública.
Casi todas las medidas tendientes a impedir el fraude fueron categóricamente ignoradas. La idea de Alfredo Olmedo de incluir las fotografías de los votantes en los padrones finalmente tuvo el visto bueno del gobierno, sin embargo no se han tomado medidas complementarias para reducir las posibilidades del fraude: por ejemplo la otra propuesta realizada por Olmedo de votar con boleta única (una cosa que acabaría con los robos de boletas) no tuvo ningún apoyo, pero la locura del voto electrónico ya está en marcha a toda máquina en Salta. Lamentablemente, a esto, muchos, le llaman "vivir en democracia".