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sábado, 1 de noviembre de 2014

Leandro Santoro, un enamorado de los delincuentes


Hace unos días Alfredo Olmedo asistió como invitado al programa Intratables de América. Mientras hablaba acerca de qué es lo que se debería de hacer con los presos en este país, lo interrumpió un tal Leandro Santoro, un militante de la UCR que tiene buenas relaciones con el gobierno kirchnerista. Él se presentó como docente universitario y comentó que trabaja en las cárceles. Afirmó que para un presidiario que ha cumplido su sentencia resulta muy difícil la reinserción social, debido a que cada vez que va a pedir trabajo en algún lugar, sus posibles empleadores normalmente lo rechazan.

Olmedo sostuvo que el preso, mientras está encerrado, debe obligatoriamente trabajar y estudiar (y no de manera optativa como sucede ahora). La idea es simple: el que va a la cárcel no lo hace para gozar de vacaciones pagas, va para cambiar su mentalidad, para comprender el valor sagrado del trabajo, para experimentar la vergüenza. Santoro juzgó que todo eso era contrario a la doctrina de los DDHH y que no había que estigmatizar a los delincuentes condenados.

La persona estigmatizada por haber sido un delincuente recibe ese castigo social por sus propios méritos. El delincuente no nació delincuente, eligió ejercer el delito. Es responsable de sus actos. La cárcel, mientras tenga reinsertadores como Santoro, no sirve. El que trabaja en la cárcel con los presos debe inculcarle los valores que el preso no tiene. Así cuando el delincuente sale a la calle y le cierran puertas por su pasado, mantendrá la frente en alto y saldrá a rebuscárselas para sobrevivir sin jamás reincidir en el delito, porque cualquier cosa es más digna para ganarse la vida que robar, amenazar y matar.

La cárcel de hoy no sirve porque es una escuela de delincuentes. Debe ser escuela de ciudadanos: el Evangelio y el Martín Fierro deberían convertirse en los dos libros de cabecera de todo aquel que alguna vez estuvo en un penal. Así el día de mañana los empleadores andarán desesperados por contratar a un ex-presidiario, ya que éste, convertido en una persona con valores, será ejemplo de sacrificio, esfuerzo y entrega.

martes, 16 de septiembre de 2014

La falsificación de la realidad

Martín Risso Patrón publicó un artículo muy interesante en El Tribuno acerca de las reformas escolares que impulsa el gobierno de Scioli en la provincia de Buenos Aires. Allí se lee:
Esto de quitar referentes de logros y fracasos en la escuela como lo es mentir en ese boletín informativo periódico que es la libreta de calificaciones, es suicida, cultural y científicamente hablando. Más, si eso está movido por la obsesión de ver fantasmas discriminadores por todos lados, temiendo a madres y padres golpeadores de maestros, descontentos con "la nota" puesta a sus hijos, es una evidencia de la derrota de la Educación ante la violencia social en continuo ascenso, lo que es sustancia para otro análisis.
Yo creo que en un país en donde a una persona que nació con un sexo determinado se le adultera el DNI y la partida de nacimiento para que figure como poseedora del sexo opuesto no es raro que el gobierno ordene falsificar calificaciones. Y todo en nombre de "evitar la discriminación". Si para evitar algo hay que falsificar lo que es evidente para todos, ¿eso no significa que se está torciendo el orden natural?

A mi la discriminación no me agrada, pero entiendo que no es posible la igualdad perfecta, puesto que, por naturaleza, las personas somos diferentes. Lo ideal para conseguir la tan predicada "inclusión" es darle los medios a aquel que se siente o se encuentra fuera del promedio para que alcance a los demás. Es lo lógico. Lo otro -lo que propone el gobierno- es igualar hacia abajo, invitando al que es bueno a que no se esfuerce, porque hacerlo es de tontos faltos de picardía. 

Creo que a estas alturas lo más conveniente para el país sería que el sistema educativo se despolitice, convirtiéndose en una entidad autónoma, regida por parámetros internacionales pero administrada por gente local. 

jueves, 15 de mayo de 2014

El amor y la violencia

Entre cyber-Montoneros y los nuevos Robledo Puch

La Conferencia Episcopal Argentina, como sucede habitualmente, acertó al describir a la Argentina actual. Esta vez, el órgano que nucléa a los obispos y arzobispos del país dio en la tecla al señalar que la Argentina está enferma de violencia. El fenómeno de los linchamientos es la prueba de ello: harta ya la gente de vivir en medio de tanta agresividad física y emocional, reaccionan de la peor manera con la creencia de que han encontrado el modo de lograr la paz a través del uso la propia fuerza, ya que no parece haber nadie más intentado concretar ese objetivo. 

La violencia que se ve ahora no es como la violencia de antaño. En la década de 1970, por ejemplo, ponían bombas y asesinaban gente tras secuestrarla y torturarla en la obscuridad. Pero así como había una violencia ideologizada, también existía la violencia gratuita, cruda y banal (tal y como lo comprueba, por ejemplo, el nefasto Robledo Puch).

Hoy en día, esa violencia política ha resurgido aunque reconvertida: la guerrilla ya no es una táctica bélica sino comunicacional. Los medios masivos de comunicación y la Internet son el nuevo campo de batalla para la guerra entendida como continuidad de la política, por eso hay tanta injuria y calumnia. Y junto a ese drama del cyber-montonerismo, asistimos también a la multiplicación de los Robledo Puch, desequilibrados que no se conforman con robar sino que además golpean o asesinan a sus víctimas inermes (no tanto por el placer de hacerlo sino más bien por la inconsciencia con la que operan).

Tu quoque

¿Cómo respondieron los oficialistas ante lo que la Conferencia Episcopal Argentina señaló? Pues con violencia, como es su costumbre.

Los generales de La Cámpora acusaron a la Iglesia Católica de haber realizado golpes de Estado, el periodista Roberto Caballero le endilgó a los obispos y arzobispos estar haciendo política derechista en contra de lo recomendado por el Papa Francisco, y la Presidente Cristina Fernández de Kirchner combinó ambas sandeces para minimizar la impactante verdad que ya nadie puede negar. 

Con derechos pero sin obligaciones

¿Por qué hay tanto salvajismo en una sociedad civilizada como la nuestra? No es fácil contestar la pregunta, pero ciertamente se pueden intuir los principales motivos: si nos fijamos en quienes ejercen la violencia (y hablo del avallasamiento del otro y no de aquellos que sólo se defienden recurriendo a la fuerza) notaremos que todos tienen como común denominador a la pobreza. Pero esta pobreza no es siempre material, es –es en casi todos los casos– una pobreza espiritual.

En Argentina se habla mucho de “inclusión”, pero ¿qué significa realmente ello? Hay que ser ciego para no ver que la inclusión a la que tanto veneran los oficialistas es una mera inclusión material: a través de algún plan social se les da dinero a las personas para que accedan a las motos, los celulares, los televisores y demás bienes simbólicos a los que –exceptuando, claro, la vía del saqueo o el robo– de otra manera no podrían acceder. Y también se les da o mejor dicho se les amplía derechos. Una persona que consigue turno en un hospital después de haber hecho seis horas de cola, o un niño que va a la escuela a jugar al Nestornauta o a ensayar con una murga, o alguien que mira por la televisión un partido entre All Boys y Chacarita está siendo “incluido” según los kirchneristas. Y todo ello gratis.

Precisamente allí está el problema: la gratuidad de las cosas. Donde hay necesidades deben surgir los derechos, pero tales derechos deben estar acompañados de obligaciones, o de lo contrario nos internamos en la ilusión de un mundo sin consecuencias. La única obligación que los kirchneristas les exigen a sus “incluidos” es que voten por ellos cada vez que hay una elección o que copen las plazas cada vez que hay un acto organizado por el gobierno, pues ni a hacer el servicio militar los mandan a sus clientes.

Ocupados en llenar estómagos, los kirchneristas omiten satisfacer el hambre espiritual. En las escuelas quitan la religión y los símbolos religiosos, pero les sirven a los chicos el desayuno y el almuerzo que sus padres deberían servirles en sus casas. Como reemplazan a Dios por “Él” y “Ella”, entonces los jóvenes no interiorizan la culpa: en la cultura cristiana si yo hago mal las cosas, le estoy fallando a Dios quien me dio la libertad para que elija la virtud y rechace el vicio; en la cultura kirchnerista, en cambio, al hacer el mal a los únicos a quien les fallo son a los líderes, quienes, por suerte, no son omniscientes y por tanto no se pueden enterar (y en todo caso si va uno preso allí también están los misioneros kirchneristas trabajando incansablemente para que no se pierda la fe en el matrimonio santacruceño).

La cura 

La Conferencia Episcopal Argentina, así como ha diagnosticado la enfermedad, también ha recetado la cura para la violencia: “El vínculo de amor con Jesús vivo cura nuestra  violencia más profunda y es el camino para avanzar en la amistad social y en la cultura  del encuentro”.

En efecto, Jesús es la respuesta. De Jesús tenemos la enseñanza del amor. El amor es lo que cura a la violencia. El Estado argentino debe trabajar para educar primeramente en el amor, valor supremo como enseña la tradición occidental. Y amar no se trata de poseer al otro, se trata de responsabilizarse por el otro (entendiendo dicha responsabilidad no como el darle de comer al otro cuando tiene hambre sino el permitirle al otro que crezca y nos alimente a nosotros cuando tengamos hambre). 

domingo, 11 de mayo de 2014

Escuelas que no hacen escuela

Adultos imposibles

El Servicio Militar Obligatorio era visto en nuestro país como un ritual de iniciación. Entraban chicos a los cuarteles y salían hombres listos para ejercer la ciudadanía. Cuando eliminaron el SMO después de la muerte del conscripto Carrasco, la línea que en el imaginario social dividía a los chicos de los hombres quedó disuelta (esto fue así porque el trabajo, el otro factor que servía para generar madurez, fue destruido junto a la economía nacional). En la Argentina de hoy la adolescencia dura hasta entrados los cuarenta, por eso se les llama “jóvenes” a gente como Victoria Donda, que tiene 37 años, o a Pablo López, que tiene 39.

Vemos como a las escuelas las coloniza La Cámpora, al mismo tiempo en que se fija la edad para empezar a votar a los 16 años. Empero, por otro lado, a esos mismos chicos que militan y votan los vemos darse palizas entre si por motivos tan triviales como el ser feos o lindos, o los vemos criando hijos cuando aún no tienen edad legal para comprar alcohol o cigarrillos.

La Comunidad Educativa desencontrada

La idea de “comunidad educativa” remite al esfuerzo común que las familias y las escuelas realizan para formar ciudadanos decentes y productivos. El problema, hoy en día, es que todos los actores que forman esa comunidad viven en el desencuentro permanente: estudiantes que no son educados en sus casas por lo que difícilmente puedan ser instruidos en las escuelas, padres que por incapacidad o negligencia no se ocupan de sus hijos, y docentes que, además de pelearse entre ellos por cargos y cosas similares, tienen que tolerar a estudiantes irrespetuosos y a padres irresponsables. Un triángulo vicioso, sin dudas, que contribuye a enfermar de violencia a nuestra sociedad. 

En este escenario no es extraño que suceda cualquier cosa: padres y estudiantes que agreden a docentes, estudiantes que agreden a estudiantes, docentes que agreden a docentes, y hasta docentes que –al no poder devolverle la agresión a los estudiantes o a los padres– terminan llevando su agresión hacia el exterior de la comunidad educativa. De allí que no es extraño lo que pasó hace unos días con la violenta protesta de maestros ante la Legislatura Provincial, y que hizo decir al Diputado Provincial Carlos Zapata, con sobrada razón, que los docentes se comportan como un grupo faccioso que usa la amenaza y la extorsión para obtener privilegios, descuidando en esa acción su tarea de brindar educación de calidad a los jóvenes.  

Salvar la escuela

El modo de salvar a la escuela de su decadencia es reformándola. Hace falta recuperar el pacto entre padres y docentes, exigiéndole más a los docentes y más a los padres –exigiéndoles, en realidad, que cada uno cumpla con su rol, en lugar de pasarse esa responsabilidad entre si. Para ello, claro, es necesario recuperar a la familia, proceso que no se puede realizar con la velocidad que si es factible para reubicar al docente.

La escuela de hoy debe tener tres objetivos básicos: mejorar el rendimiento de los estudiantes para que después no se estrellen con las barreras naturales de la educación superior, evitar la enorme deserción escolar que semejante modificación de la estrategia educativa puede llegar a tener, y combatir las adicciones.

Hoy en día, más allá de los docentes que por la bronca acumulada se suman a las provocaciones destructivas del Partido Obrero, existe un nutrido grupo de maestros, profesores y directivos que, aisladamente, han sabido comprender la situación de sus alumnos y generar experiencias educativas exitosas. Gente que trabajó en contra del sistema y algo logró, pese al enorme interés que los poderes actuales tienen de que la educación fracase estrepitosamente (como lo prueban los vergonzosos resultados en las pruebas internacionales o el comportamiento desaforado de los jóvenes en las calles).  

Un camino hacia la libertad

Mientras el kirchnerismo siga en el poder, difícilmente ocurrirá algún cambio positivo en la educación, por lo que la tarea salvadora de nuestras escuelas es un proyecto a futuro, que tomará su tiempo completar.

Para que haya ciudadanos libres (en realidad para que dejen de haber rehenes de los políticos) se necesita educación. Esa educación, como está probado, no la dará la escuela, como tampoco la dará un mercado laboral parco en oportunidades. Ni la escolarización compulsiva sarmientina ni la educación por las cosas alberdiana pueden resolver la crisis actual. Pero allí donde Sarmiento y Alberdi fallan, es Roca quien puede darnos una pista: al fin y al cabo fue el presidente tucumano el que estableció el Servicio Militar Obligatorio.

Los peronistas bonaerense Mario Ishii, Alejandro Granados y Jesús Cariglino estuvieron de acuerdo en la necesidad de recuperar al SMO para contener a los “ni-ni”, debido a que, la mayoría de ellos, no tienen ningún respeto por la autoridad y ni reconocimiento de los límites, causándole grandes dolores de cabeza a las fuerzas de seguridad, a sus vecinos y, sobre todos, a sus propios padres, quienes –cuando se ocupan de ellos– se ven desbordados.   

Claudia Rafael, una periodista de izquierda, ha dicho que esta propuesta la hicieron los peronistas:
Con la convicción de que será el encierro, el castigo, las viejas prácticas del “corre-limpia-barre” lo que logrará “ponerlos en caja” o lo que permitirá que esos jóvenes “se enderecen” o “se hagan hombres”. Con la certeza –que tiene enorme predicamento en buena parte de la población– de que sólo se crece a través de la humillación y el desprecio.
Lo que esta mujercita llama “humillación y desprecio” es la instrucción militar, que consiste no sólo en desarrollar el cuerpo (muchos de los “ni-ni”, consumidos por el paco, parecen esqueletos que caminan) sino también en templar el espíritu, para poder vencer la lógica debilidad que experimenta un guerrero en el campo de batalla. Es decir lo que los progresistas de pacotillas –laburofóbicos todos ellos– consideran “vejatorio”, es nada más y nada menos que el arte de empujarse a uno mismo hasta el límite para retornar hecho más fuerte, listo para compartir fraternalmente con sus camaradas que han sufrido lo mismo, y para adquirir una perspectiva más realista del mundo.

José Javier de la Cuesta Ávila, un militar retirado, escribió:
[Pese a los cambios en el arte de la guerra] los cuarteles siguen siendo el alojamiento de los militares, y nunca serán reformatorios o internados de señoritas.
Y aquí este hombre tiene un punto sobre el que conviene discutir: si el SMO es para jóvenes que han cumplido los 18 años, ¿no es un poco tarde para la mayoría de ellos que ya han entrado al mundo de la droga o han sobrevivido los intentos de suicidio?

Julio Pereyra, Intendente de Florencio Varela por el Frente para la Victoria, sostuvo que habría que crear escuelas especiales en las que los jóvenes violentos sean vigilados y disciplinados al mismo tiempo en que son formados para que no devengan escoria social. Obviamente Pereyra tenía en mente una institución de tipo militar. Quizás, mientras esperamos que la educación se reencamine, se debería contemplar la idea de llevar una combinación de instrucción cívico-militar a los jóvenes más problemáticos, para que al crecer sientan más deseos de estar del lado argentino que del lado del narcotráfico, el robo o la violencia.

lunes, 27 de enero de 2014

Buenas ideas

Clarín publicó un artículo titulado "20 ideas audaces para un país posible". En el mismo opinan varios intelectuales pero desde diversas posiciones. Así Luís Alberto Romero pide mejorar la cultura política del país, mientras que Luís Rapaport propone una serie de medidas económicas que reflotarían al país. Roberto Gargarella, por su parte, menciona una serie de tonterías que ni vale la pena comentar, y finalmente Daniel Arroyo aporta un poco de pensamiento coherente y efectivo. 

De todo lo que propone Arroyo, coincido plenamente con esto:
1 Crear el Derecho al Primer Empleo 
Nuestro país tiene 900.000 jóvenes que ni estudian ni trabajan, el objetivo es establecer una exención impositiva a las empresas que tomen jóvenes como primer empleo. Los jóvenes son el futuro si tienen presente y por eso hay que crear un mecanismo para que logren entrar al mundo laboral. 
2 Formar una Red de 20.000 tutores  
Los jóvenes excluidos no tienen problema para realizar la tarea, lo que les cuesta es sostener el ritmo, ir todos los días a trabajar 8 horas o mantenerse en la escuela. Los tutores son las personas que tienen legitimidad (una maestra, un cura, un pastor, el técnico de club de barrio, etc.) La tarea es acompañarlos en sus actividades y vincularlos con la escuela y el trabajo.
Y también con esto:
5 Sistema dual en la escuela secundaria  
Existe un abismo entre la escuela y el trabajo. De hecho, gran parte de los jóvenes desocupados tienen secundaria completa. Para achicar esa brecha, la idea es ir al sistema dual: en los últimos años un joven está en la escuela y además hace pasantías o capacitaciones específicas. Se podría incorporar educación para el trabajo, el emprendimiento y la innovación como nueva materia de la escuela. 
6 Crear una Unidad Especial de Combate a la Venta de Droga  
Es claro que aumentó la venta de droga en los barrios y que el pibe que engancha una “changuita” gana menos que el que vende droga y muchas familias se preguntan si no les es más conveniente poner una cocina de paco. Se trata de generar un esquema institucional especial (por fuera del esquema de seguridad actual) con una única función que es detectar los puntos de venta y eliminarlos. (El Gobierno nacional acaba de trasladar la lucha contra el narcotráfico de la Sedronar a la secretaría de Seguridad a cargo de Sergio Berni)

domingo, 14 de julio de 2013

Una de cal y dos de arena

Después de que el Concejo Deliberante de la Ciudad de Salta vergonzosamente rechazó la excelente propuesta del concejal Aroldo Tonini de convertir a localidad en un “Municipio Pro Vida”, la Justicia provincial, a través de dos decisiones, le puso un freno a tanta cínica e impúdica promoción del genocidio.

La Corte de Justicia de Salta, por un lado, rechazó los pedidos de inconstitucionalidad contra el decreto de Juan Manuel Urtubey que regula el tema de los abortos no punibles; el Gobernador, al emitir dicho decreto, pautó una serie de medidas para evitar que un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación termine provocando una masacre impune de inocentes (que es lo que quienes hicieron los pedidos de inconstitucionalidad pretendían). Los jueces recordaron que el derecho a la vida es preexistente a toda la legislación positiva y no se puede avanzar contra él sin quedar como un brutal genocida. Además juzgaron conveniente estipular algunas exigencias para realizarle un aborto a una mujer que afirma haber sido violada, salvaguardando así la vida del pequeño y bloqueando la posibilidad de que se genere una canilla libre de sangre inocente.

Por el otro lado, la misma Corte de Justicia de Salta acabó con el anhelo de un grupo de fanáticos del laicismo, que intentaban erradicar a la religión de las escuelas salteñas. Aquí la Justicia se lució. Señalaron que, de no impartirse educación religiosa en las escuelas, ello “perjudicaría a los niños de los sectores carentes de recursos que no pueden concurrir a una escuela privada o que viven en lugares alejados de los centros urbanos y cuyos padres, muchas veces por razones laborales, no tienen posibilidades de instruirlos en la religión.” Ello es totalmente cierto. El pedido de la Asociación por los Derechos Civiles (la ONG que hace campaña en contra de la presencia de lo religioso en las escuelas) estaba sustentado en la idea de que la religión es un apéndice en la vida de las personas, cuando en realidad, por motivos antropológicos, es sabido que es todo lo contrario.

Si los políticos, para subirse al tren de la moda, han optado por permitir y promover el asesinato de niños por nacer, desde el Poder Judicial, al menos, se busca minimizar el daño. Es por ello que fortalecer la separación de poderes –o, lo que es lo mismo, defender a la República– es tan importante para no ser arrastrados con la decadencia de los tiempos.