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viernes, 12 de septiembre de 2014

Propuesta para una nueva legislatura

Ricardo Gómez Díez, a través de un artículo publicado por El Tribuno, llamó la atención sobre lo perjudicial que es el sistema de representación electoral para la ciudadanía de Salta. Para no repetir los contundentes argumentos acerca del asunto, remito al texto del Senador Nacional (MC). 

Ahora bien, meditando sobre el tema, se me ocurrió un sistema posible: Salta tiene un Cámara de Diputados y una Cámara de Senadores, entre las cuales suman un total de 83 parlamentarios; pues bien lo primero y principal sería eliminar el sistema bicameral para constituir, en su lugar, un sistema unicameral, cuyo número total de miembros sería de 60; una vez logrado ese objetivo, sería necesario crear dos sistemas de elección para garantizar la representación adecuada de toda la población salteña en la Nueva Legislatura Provincial. 

¿Cómo serían esos sistemas? Uno de elección departamental y otro de elección regional. El primero sería así: cada cuatro años -en el año en que se elige gobernador- se pondrían en juego un total de 23 bancas, es decir una por cada departamento; de este modo quedaría garantizada la presencia de representantes de todo el territorio provincial en el Poder Legislativo. 

Pues bien, el segundo sistema, en cambio, sería así: cada cuatro años -en el año en que se hace el recambio parlamentario a nivel nacional- se pondrían en juego un total de 37 bancas, repartidas según la población de cuatro regiones diferentes. Las regiones serían la I o Centro (integrada por Capital, Rosario de Lerma, Cerrillos, Chicoana, La Caldera, La Viña y Guachipas), II o Norte (integrada por General José de San Martín, Orán, Rivadavia, Santa Victoria e Iruya), III o Sur (integrada por Anta, General Güemes, Metán, Rosario de la Frontera y La Candelaria), y IV u Oeste (integrada por Cafayate, Cachi, San Carlos, Los Andes, Molinos y La Poma). Tomando los resultados del último censo nacional, y dividiendo la cantidad de pobladores por 37 -el número de bancas en juego-, entonces debería de haber aproximadamente 1 representante del pueblo por cada 35.000 habitantes. 

Así la región I elegiría 20 legisladores, 10 la región II, 5 la región III y 2 la región IV. Sumando en total, la región I contaría con 27 legisladores, en tanto que las otras tres regiones reunirían 33, o sea la mitad más dos. De esa manera se podría federalizar más a la política salteña. Lo otro, también importante para lograr ese objetivo y una mayor democratización, sería que se establezcan más mecanismos para realizar referéndums y plebiscitos.  

lunes, 10 de marzo de 2014

El bloque de los monos

La elección de autoridades de las diversas comisiones que posee la Cámara de Diputados de Salta deja en evidencia la vocación totalizadora del PJ. Es que -es más que claro- las quieren todas para ellos. 

Actualmente el PJ cuenta con un bloque de 29 diputados. Las últimas dos incorporaciones han sido las de Pablo Viel (quien ingresó al parlamento por Memoria y Movilización Social, vendiéndose como un kirchnerista puro que se decía distanciado de la dirigencia impura del PJ) y la de Fabián Bruna (un hombre que ganó su banca como renovador, luego pasó al Frente para la Victoria, y terminó haciéndose pejotista). Antes de eso, el bloque del PJ había incorporado a Hugo Camacho (quien ingresó por el Frente para la Victoria pero representando al Movimiento Evita), y a Javier Paz y Marcelo Astún (dos peronistas que usaron el sello circunstancial del "Movimiento Popular Unido"). 

Y así como el bloque del PJ sumó soldados, también los dejó ir: Mario Ángel se pasó al Frente para la Victoria luego de que Carlos Villaba fuese respaldado por el PJ en su candidatura a Intendente de Salvador Mazza tras sus aventuras en Terra Nostra y Guido Giacosa armó el monobloque "Alternativa Peronista", para poder promover la candidatura a gobernador de Miguel Isa sin tapujos. Si el bloque pejotista lograra reincorporar a los alejados, llegarían a sumar 31 diputados, lo que les daría quórum propio y mayoría absoluta. 

Entre los aliados del PJ están los incondicionales (por ejemplo el Frente Plural de Matías Posadas y Guillermo Sierra, que es una suerte de espacio para radicales y franjistas vendidos al urtubeycismo), y los menos fieles (el Frente para la Victoria de Sergio Leavy y José Vilariño, que cuenta con 8 bancas y que se encuentra midiendo el terreno, y el Partido Renovador Salteño, que tras el bleff de su distanciamiento del año pasado, ahora vuelve con al menos 4 de sus 5 diputados a la coalición oficialista silbando bajo para que los demás no se den cuenta). 

La suma total da 45 oficialistas: 29 por el PJ, 8 por el FPV, 5 por el PRS (aunque hay que ver la posición de Gabriela Martinich), 2 por el #FP y 1 por el ultra-isismo. Un interbloque que desde afuera parece de diversos colores, pero que desde adentro se comprueba que es monolítico.

Por fuera del Oficialismo hay 15 diputados provinciales: 5 pertenecen al Frente Salteño (Irene Soler, que había ingresado por el Partido Conservador Popular, se unió al romerismo luego de que Guillermo Durand Cornejo le dejase su banca al también romerista Ariel Burgos para irse al Congreso de la Nación), 4 al Partido Obrero, 2 a Lealtad Popular (que vendría a ser algo así como el wayarismo), 1 al Partido Propuesta Salteña, 1 al Frente Democrático (el sello que usa Liliana Mazzone) y 2 a Salta Somos Todos. Creo que no hace falta agregar que de esas 15 bancas hay 7 peronistas que no inspiran confianza, 4 comunistas que son la expresión de un descontento mal canalizado, y otras 4 que constituyen la última esperanza de la ciudadanía salteña. 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Olmedo al gobierno, Cristo al poder

Dos soldados de Cristo
Las juras

El lunes pasado asumieron los legisladores provinciales en Salta y lo más curioso que tuvo la ceremonia fueron las juras (sería bueno que, en lugar de que el evento se desarrolle el último lunes de noviembre, ocurra en cambio durante el último domingo del onceavo mes, ya que ese día se celebra la Solemnidad de Cristo Rey; serviría ello para recordarles a todos los electos que no son empleados de tal o cual líder, sino que son súbditos del Rey del Universo, al cual le deben infinita lealtad y obediencia).

Por un lado estuvieron los miembros del Partido Obrero que, como era de esperarse, pidieron no jurar ni sobre una Biblia ni sobre una Constitución Provincial, por lo que terminaron jurando sobre sí mismos. En su fórmula de juramento invocaron al “socialismo” y a la “clase obrera”. Pero junto a esos payasos, por otro lado estuvo Alejandro Nieva, quien juró por Alfredo Olmedo y por el Proyecto Salta Somos Todos 2015.

El gesto de Nieva, aunque peculiar, habla del compromiso de este hombre con un conjunto de ideas y propuestas pensadas para mejorar la calidad de vida de los salteños. También deja entrever que Nieva es un hombre leal a un líder, lo cual en principio no está mal.

Judas vestido de amarillo

El olmedismo, tanto a nivel nacional como a nivel provincial, ha fallado a la hora de articular un equipo parlamentario. Bernardo Biella llegó al Congreso de la Nación con una gorra amarilla, pero no tardó nada en acomodarse donde le pareció más provechoso para su bolsillo. Pese a su manifiesto individualismo, al menos Biella no ha traicionado sus ideales de defensa de la Vida, pero tampoco ha hecho demasiado para agitar esa bandera (por ejemplo cuando hace unos meses se convocó la sesión especial para tratar el tema del aborto, sólo Alfredo Olmedo asistió para evitar que en la Argentina se legalice el genocidio, en tanto que Biella brilló por su ausencia: así como no ha sido muy prudente como la paloma, así tampoco el médico ha sido muy astuto como la serpiente).

En el parlamento salteño la historia de acercamientos y alejamientos no ha sido muy diferente. Durante 2011 el Diputado Marcelo Bernad y la Diputada Liliana Mazzone decidieron sumarse a Salta Somos Todos y llevar al congreso local a la iniciativa amarilla. Pero un año después, sorpresivamente, Mazzone dijo que disintieron con Olmedo a la hora de avalar algunos proyectos (como el de la castración a violadores y el del tercer baño para homosexuales) y ella junto a Bernad dejaron SST para armar el Frente Democrático, que en las últimas elecciones se alineó del lado de Juan Carlos Romero. Sin embargo Mazzone no encontró lugar en ninguna de las listas romeristas, y terminó acusando al Júcaro de haberle “robado” la senaduría a Olmedo y diciendo que su ruptura con nuestro Diputado Nacional nunca fue definitiva. Lo que vulgarmente se llama "acomodarse".

La tarea apostólica

Pues bien, ante este escenario, reconforta saber que Nieva no apostará a la traición, que él no utilizó la gorra amarilla para lograr un puesto y después negociarlo con el Oficialismo o la Oposición para su beneficio personal.

¿Pero acaso eso es suficiente? Uno de los motivos por los que admiro a Olmedo es porque él representa uno de los pocos hombres de poder argentinos que han entendido la política como una tarea apostólica –actitud que debería de ser la habitual entre quienes se consideran cristianos. Todas las propuestas de Olmedo en la Cámara de Diputados de la Nación han tenido como objetivo diseñar leyes que contribuyan al cultivo de la virtud y al repudio del vicio. Quienes han visto en algunos proyectos olmedianos meras extravagancias populistas han juzgado desde el prejuicio y la estrechez mental aquello que era un camino innovador para la recuperación del orden cristiano del mundo.

La Revolución Amarilla está en marcha. Para que triunfe sólo hacen falta hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, muchos salteños, que quieran el fin de la corrupción, que amen la vida, que protejan lo propio, y que rechacen la mentira, es decir, sólo hace falta gente dispuesta a vivir el Evangelio, no sólo en el interior de sus casas, sino también en sus vecindades, en sus barrios, en sus pueblos y en sus ciudades.