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martes, 8 de julio de 2014

La salvación por las obras

El indignante escándalo del IPV terminó con la intervención del organismo por orden del Gobernador Urtubey. Ahora el interventor Posadas aplica políticas de tolerancia cero hacia la turbiedad. 

Esta apuesta por la transparencia es sana, pero tiene el problema de ser tardía. Y no parece ser tampoco general, pues es sólo el IPV el que está siendo sometido a un proceso de transparentamiento. ¿Qué hay, por ejemplo, de los ministerios? ¿Y que pasó con el Fondo de Reparación Histórica?

Recientemente el Papa Francisco sugirió (con ímpetu revolucionario según sostienen algunos) que aquel corrupto que le roba dinero al pueblo debe devolverlo. Es lo que le corresponde. Hoy en día el corrupto es acusado, denunciado y hasta penado, pero no tarda demasiado en volver a reubicarse. Es que una vez que pasa el vendaval se reúne rápidamente con su botín. Si Cristina Kirchner deja el poder hoy, puede vivir orondamente de lo que gana con sus inversiones hoteleras mañana. Dichas inversiones, se sabe, son fruto de la corrupción. Según la propuesta del Papa, a nuestra Presidente le correspondería renunciar a esos hoteles, devolvérselos a la gente, pues fuimos nosotros quienes los pagamos. 

Que hermoso sería ver que toda esa gente que se hizo rica de la noche a la mañana gracias a su ingreso nepótico al Estado renuncie a todo lo que consiguió sin merecerlo. Sería una alegría para el trabajador honesto, pero más reconfortante sería para el propio corrupto, quien por fin podría mirar a los ojos a sus hijos, a sus padres o a sus vecinos y decir que no son unos viles ladrones. 

lunes, 30 de junio de 2014

El Papa Francisco habla sobre la corrupción y la pobreza


En una entrevista a Il Messaggero, el Papa Francisco vertió algunos conceptos que, creo yo, es bueno retener.

Política
- ¿Existe una jerarquía de valores que respetar en la gestión de la cosa pública? 
Cierto. Tutelar siempre el bien común. La vocación para cualquier político es esta. Un concepto amplio que incluye, por ejemplo, la custodia de la vida humana, su dignidad. Pablo VI solía decir que la misión de la política es una de las formas más altas de caridad. Hoy el problema de la política – no hablo solo de Italia sino de todos los países, el problema es mundial – es que se ha desvalorizado, arruinada por la corrupción, por el fenómeno de las coimas. Me viene a la mente un documento que publicaron los obispos franceses hace 15 años. Era una carta pastoral que se titulaba: "Rehabilitar la política", y afrontaba precisamente este argumento. Si no hay servicio en la base, tampoco se puede entender la identidad de la política. 
- Usted ha dicho que la corrupción huele a podrido. Ha dicho que la corrupción social es fruto de un corazón enfermo y no sólo de condiciones externas. No habría corrupción sin corazones corrompidos. El corrupto no tiene amigos sino idiotas útiles. ¿Nos lo explica mejor? 
Hablé dos días seguidos de este argumento porque comentaba la lectura de la Viña de Nabot. A mi me gusta hablar de las lecturas del día. El primer día afronté la fenomenología de la corrupción, el segundo día de cómo acaban los corruptos. El corrupto, en todo caso, no tiene amigos, sólo tiene cómplices. 
- Según usted ¿se habla tanto de la corrupción porque los mass media insisten demasiado en el argumento, o porque de hecho se trata efectivamente se trata de un mal endémico y grave? 
No, por desgracia es un fenómeno mundial. Hay jefes de Estado en la cárcel precisamente por eso. Me he preguntado mucho, y he llegado a la conclusión de que muchos males aumentan sobre todo durante los cambios de época. Estamos viviendo no tanto en una época de cambios, sino en un cambio de época. Y por tanto se trata de un cambio de cultura; precisamente en esta fase emergen cosas de este tipo. El cambio de época alimenta la decadencia moral, no solo en la política, sino en la vida financiera o social. 
- Tampoco los cristianos parecen brillar por su testimonio... 
Es el ambiente el que facilita la corrupción. No digo que todos sean corruptos, pero creo que es difícil permanecer honrado en la política. Hablo de todo el mundo, no de Italia. Pienso también en otros casos. A veces hay personas que querrían hacer las cosas claras, pero se encuentran en dificultad y es como si fueran fagocitadas por un fenómeno endémico, a varios niveles, transversal. No porque sea la naturaleza de la política, sino porque en un cambio de época las presiones hacia una cierta deriva moral se hacen más fuertes.
Me parecen muy sabias estas palabras, porque resultan ser una lectura muy lúcida de la política contemporánea. Hoy en día, lamentablemente, la norma del político es ser corrupto y la excepción es no serlo. El político corrompido deja de tutelar el bien común, y, además de obstaculizar el desarrollo humano de la mayoría, termina directamente impidiéndolo, promoviendo lo aberrante como al atentar contra la dignidad humana legislando a favor del aborto, de la despenalización de las drogas o de la destrucción de la familia. 

Pobreza
- ¿A usted le asusta más la pobreza moral o material de una ciudad? 
Me asustan ambas. A un hambriento, por ejemplo, puedo ayudarlo a que no tenga más hambre, pero si ha perdido el trabajo y no encuentra ocupación, tiene que ver con otra pobreza. Ya no tiene dignidad. Quizás pueda ir a Caritas y traerse a casa un paquete de comida, pero experimenta una pobreza gravísima que arruina el corazón. Un obispo auxiliar de Roma me ha contado que muchas personas van a los comedores y a escondidas, llenos de vergüenza, se llevan a casa comida. Su dignidad se ve progresivamente depauperada, viven en un estado de postración. 
- ¿El Evangelio habla más a los pobres o a los ricos para que se conviertan? 
La pobreza está en el centro del Evangelio. No se puede entender el Evangelio sin entender la pobreza real, teniendo en cuenta que existe también una pobreza bellísima del espíritu: ser pobre ante Dios porque Dios te llena. El Evangelio se dirige indistintamente a los pobres y a los ricos. Y habla tanto de pobreza como de riqueza. No condena de hecho a los ricos, si acaso a las riquezas cuando son idolatradas. El dios dinero, el becerro de oro. 
- Usted pasa por ser un Papa comunista, pauperista, populista. The Economist, que le ha dedicado una portada, afirma que habla como Lenin. ¿Se reconoce en estos modelos? 
Yo digo solo que los comunistas nos han robado la bandera. La bandera de los pobres es cristiana. La pobreza están en el centro del Evangelio. Los pobres están en el centro del Evangelio. Tomemos Mateo 25, el protocolo sobre el que seremos juzgados: tuve hambre, tuve sed, estuve en la cárcel, estaba enfermo, desnudo. O miremos a las Bienaventuranzas, otra bandera. Los comunistas dicen que todo esto es comunista. Sí, como no, veinte siglos después. Así que cuando hablan, se les podría decir: pero vosotros sois cristianos (se ríe).
Este discurso sobre la pobreza tiene -como bien dice el Papa- veinte siglos de existencia y ha sido siempre el que ha defendido y promulgado la Iglesia Católica. Existe una pobreza penosa y agobiante que es la miseria material, el no tener para comer, el tener que vivir de las dádivas del César o del amor de otros cristianos. Es la pobreza de, por ejemplo, nuestros beneficiarios de planes sociales. 

Por otro lado, a esa persona en la miseria que tiene que vivir dependiendo de los demás se le empobrece el espíritu, y allí cuando le toca denunciar, calla. Entonces deja que el puntero político, el joven "militante" y otra escoria política le marquen el camino. Se pierde para Dios, y cree reencontrarlo en el César. Entonces termina dándole al César lo que es suyo y lo que es de Dios.  

Ahora bien, frente a esa pobreza que es sinónimo de miseria material y maltrato espiritual, está la pobreza entendida como humildad. Humilde es el que puede aplastarle la cabeza al otro y decide no hacerlo, humilde es el que ve en el dinero un medio y no un fin para ser feliz. Este tipo de pobre es el que entra en política para rescatar a su hermano de la miseria material y del maltrato espiritual al que lo somete aquel idólatra del Becerro de Oro. Así, en ese acto político, el César recibe lo que es del César, y Dios puede volver a recibir lo que es de Dios.

viernes, 30 de mayo de 2014

Billetes argentinos: el negocio de la tinta

Cuando el mes pasado el gobierno anunció la producción de billetes de $50 con imágenes que reafirman la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas se multiplicaron las quejas por la denominación escogida para dichos billetes. ¿Por qué hacer un billete de $50 y no uno de $200, $500 o hasta $1000? 

La respuesta que se le dio a ese interrogante -que es la misma respuesta que se viene dando desde hace años- es que el gobierno se niega a reconocer la inflación, por lo que imprimir billetes con esas denominaciones implicaría asumir el fracaso. Sin embargo, a estas alturas, ya nadie puede negar que el gobierno ha aceptado que al país lo está devorando la inflación. Entonces la excusa para negar la existencia de billetes de $200, $500 o $1000 ya no parece válida.

Jorge Asís, indagando sobre el tema, propone una teoría que resulta más que creíble:
La tinta calcográfica común cuesta irrisorios cincuenta dólares el kilo. En cambio la tinta OVI, la refinada del superior Tío Philippe, cuesta tres mil. 
La OVI más cara es la tinta que aquí se utilizó para hacer “los Roca de 100”. Y trasciende ahora que para confeccionar “los Evita de 100” es necesario utilizar, incluso, más tinta. 
Consta que en 2014 se fabrican comparativamente seis veces más billetes de 100 de los que se fabricaban en el 2000. Por entonces, en 2000, en tinta OVI se gastaban cinco millones de dólares por año. 
Hoy, con el advenimiento del cristinismo, Argentina gasta 34 millones en la misma tinta. Entre dos millones y medio, o tres millones de dólares por mes. 
Si se produjeran los billetes de 200, como pregona Cortina, se utilizarían considerablemente muchos menos kilos de tinta. Tal vez la mitad. En desmedro de la generosidad del Tío Philippe. 
Y si se produjeran los billetes de 500 para el Tío Philippe -y sus sobrinos- la fiesta sería distinta. Y su generosidad menor. Sobre todo en materia retributiva.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Un día para repudiar al Anticristo

9 de Diciembre: Día Internacional contra la Corrupción
La corrupción es un complejo fenómeno social, político y económico, que afecta a todos los países. Por ejemplo, socava las instituciones democráticas al distorsionar los procesos electorales, pervertir el imperio de la ley y crear atolladeros burocráticos, cuya única razón de ser es la de solicitar sobornos. También atrofia los cimientos del desarrollo económico, ya que desalienta la inversión extranjera directa y a las pequeñas empresas nacionales les resulta a menudo imposible superar los «gastos iniciales» requeridos por la corrupción. 
Para crear conciencia contra esta lacra y difundir el valioso papel de la Convención de las Naciones Unidas contra la corrupción a la hora de luchar contra ella y prevenirla, la Asamblea también designó el 9 de diciembre como Día Internacional contra la Corrupción.
Para el papa Francisco, los corruptos son "el anticristo" 
El papa Francisco afirmó hoy que los corruptos son "el anticristo", porque hacen daño a la Iglesia y son "un peligro, ya que son adoradores de sí mismos, sólo piensan en ellos y consideran que no necesitan de Dios". 
El Sumo Pontífice hizo estas manifestaciones durante la misa que celebró en la capilla de la residencia de Santa Marta, donde se aloja, en la que se refirió a la parábola de los labradores malvados, del Evangelio de Mateo, y a los tres modelos de cristianos en la Iglesia: los pecadores, los corruptos y los santos. 
Francisco señaló que de los pecadores no es necesario hablar demasiado, "ya que todos los somos, nos conocemos desde dentro y sabemos qué cosa es un pecador y si alguno de nosotros no se siente así, que vaya a la consulta de un médico espiritual". 
El Obispo de Roma añadió que la parábola habla de otra figura, la de los corruptos, aquellos que quieren adueñarse de la viña y han roto relaciones con el dueño de la misma, "un patrón (Dios) que nos ha llamado con amor, nos custodia y nos da libertad, pero esas personas se sienten fuertes y autónomas de Dios". 
"Esas personas, poco a poco han roto esa relación con Dios y dicen: «Nosotros no necesitamos a ese patrón, que no venga a molestarnos»". Esos son los corruptos, aquellos que eran pecadores como todos nosotros, pero han dado un paso adelante, se han consolidado en el pecado", aseguró Francisco. 
El primer papa argentino agregó que los corruptos "son un peligro también para los cristianos, ya que sólo piensan en ellos". 
En ese sentido, el Santo Padre advirtió que Judas, "de pecador avaro acabó en la corrupción" y subrayó que los corruptos "son grandes desmemoriados, han olvidado el amor con el que Dios ha creado su viña, y se han convertido en adoradores de sí mismos". 
"¡Cuánto mal hacen los corruptos en la comunidad cristiana, que el Señor nos libere de caer en ese camino de la corrupción!", exclamó el Papa, que recordó al apóstol Juan que decía que los corruptos "son el anticristo, están en medio de nosotros, pero no son de los nuestros". En consecuencia, Jorge Bergoglio imploró a Dios la gracia "de no convertirnos en corruptos".
Mamón, el patrono de la casta política argentina