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martes, 5 de agosto de 2014

Todavía falta

Los oficialistas Pablo Viel y Lucas Godoy presentaron un proyecto en la legislatura salteña que propone la abolición del patrocinio letrado para realizar denuncias en contra de funcionarios judiciales. La idea es buena pero insuficiente: lo que habría que hacer es, directamente, eliminar la necesidad de recurrir a patrocinantes letrados.

En la Argentina los abogados forman parte de una corporación, la cual hace todo lo posible para mantener sus privilegios. Entre otras cosas que la corporación defiende, es que en cada juicio un ciudadano, si o si, debe recurrir a un abogado para que lo patrocine, por tanto en nuestro país no existe el derecho a la autodefensa (la autodefensa está prohibida incluso ¡para quienes son abogados!).

Por este motivo la idea de Viel y Godoy se revela como lo que es: un instrumento para hostigar al Poder Judicial desde la política, y no una verdadera ampliación de derechos. 

viernes, 26 de abril de 2013

La palabra ante los oídos sordos

El episodio del miércoles pasado dejó en evidencia las miserias de la corporación partidocrática argentina. También mostró lo corrompida que están las instituciones y lo dañado que está el sistema político del país. 

130 diputados cumpliendo la voluntad de los miembros del Poder Ejecutivo para avanzar sobre la independencia de los miembros del Poder Legislativo equivale a aceptar que el Parlamento nacional se ha convertido en una mera escribanía de la presidencia, cuya única tarea es ponerle un sello a un papel escrito en Casa Rosada y cobrar abultadísimos honorarios por eso. Se entiende que los miembros del Frente para la Victoria -muchos de ellos juristas de vocación republicana- voten ciegamente el proyecto, ¿pero que hay de los demás? Los diputados de Nuevo Encuentro se venden como socialdemócratas progresistas y aprueban una medida de voto popular en un país clientelista como este. Cristina Fiore tiró por la borda los valores del Partido Renovador, seguramente defraudando a aquellos que alguna vez adhirieron con orgullo a la fuerza del viejo Ulloa. 

La sesión fue maratónica, cargada de discursos y discusiones, ¿pero cuál fue el sentido de todo ello? ¿Los diputados hablaron para intercambiar ideas? ¿El objetivo de las intervenciones era que los miembros de la oposición persuadieran a los del oficialismo para alterar el voto que ya tenían decidido de antemano y viceversa? ¿O sólo hablaron –a través de monólogos, chicanas y agravios– para justificar su voto? ¿Justificarlo ante quien? ¿Sus palabras iban dirigidas hacia los miembros de la Cámara o sólo les preocupaba parlotear ante las cámaras de televisión?

La política de la Argentina avergüenza. Los políticos sólo buscan resolver sus problemas, los de su corporación, y no los nuestros. Por ello sus palabras son huecas e inútiles: no son espadas ni escudos, sólo maquillaje para que la decadencia nacional no hiera tanto ante los ojos de quienes votan. Si el poder estuviera en manos del pueblo, si las urnas circulasen no sólo cada dos años sino cada vez que se ponen en juego los intereses de la República, las palabras servirían. En un país así, con una democracia real, la "reforma judicial" hubiese tenido por objeto acabar con la inseguridad de las calles en lugar de crear inseguridad de la persona ante el Estado. 

Argentina necesita de una reforma institucional seria, una que incluya más a la gente y no sólo a más políticos. Por ahora, mientras luchamos por ello, sólo podemos confiar nuestro voto a los hombres del pueblo y negárselo a los políticos que se dan la gran vida succionando el dinero de nuestro bolsillos. 

jueves, 25 de abril de 2013

Golpe de República

La codicia, la soberbia y el resentimiento de los kirchneristas logró esta vez llevarse por delante a la República, la misma que nació formalmente en Tucumán en 1816. Y lo peor fue que sólo lo lograron gracias a la complicidad de una piara de infames cobardes, que, en lugar de representar al pueblo que los eligió, representan al Poder Ejecutivo.

La República, para funcionar como tal, requiere de independencia y autonomía de los tres poderes del Estado, pero el Poder Legislativo se ha convertido, tristemente, en un mero anexo burocrático de la voluntad del Poder Ejecutivo. Ahora el Poder Judicial va camino a repetir la suerte del Legislativo, gracias a la decisión de una centena de golpistas que, sin sufrir de vergüenza ni padecer de culpa, sostiene el capricho de una presidencia visiblemente desequilibrada.

Esta reforma, como dice Olmedo, “no resuelve las cuestiones más urgentes para los argentinos”. Y no lo hace porque su concepción fue despreciable, ya que no nació para ayudar a derrotar a la atroz inseguridad que día a día gana las calles y obliga al argentino honesto a vivir con miedo, sino que nació para zanjar una disputa entre dos bandas de plutócratas.

El Grupo Clarín seguramente tiembla, y prepara una estrategia (política, social, cultural, económica) para combatir a la ley diseñada para atacarlos. El problema no es la guerra entre el kirchnerismo y el Grupo Clarín, sino lo que viene después de que ésta acabe. Como en toda guerra –una vez que concluye con la victoria para una de las dos partes en lucha o con un empate– lo que quedan son ruinas. En este caso serán las ruinas de la República las que la última decisión de los Diputados nos dejan. Y nos dejan las ruinas para que habitemos en ellas, cuando hace muy poco teníamos un fuerte edificio en pie, el cual sólo necesitaba remodelaciones mas no su demolición. 

miércoles, 24 de abril de 2013

El Grupo Clarín, el Kirchnerismo y la República herida

Un poco de memoria

Circo cotidiano
La sociedad argentina está dividida. De eso no caben dudas. Pero la división no es real, es sólo una división generada por el dinero. En rigor no es el dinero en si mismo el que ha generado la división, sino los hombres que lo codician. ¿Por qué digo esto? Porque hoy por hoy, lamentablemente, millones de argentinos estamos atrapados en medio de una disputa entre el Grupo Clarín y el gobierno kirchnerista que está arrastrando consigo a la República misma.

En el año 2008 muchísimos productores rurales salieron a reclamar a las rutas y a las calles, cansados de que el gobierno nacional abusara de ellos a través de las altísimas retenciones impositivas estipuladas para su actividad. En aquella oportunidad el multimedio Clarín decidió apoyar a los ruralistas, dándoles amplia cobertura a sus reclamos. El episodio culminó con la famosa votación “no-positiva” del vicepresidente Julio Cobos y el consiguiente tambaleo kirchnerista. A partir de allí se generó una disputa entre el kirchnerismo y el Grupo Clarín que fue creciendo con el tiempo.

En la actualidad asistimos a la magnificación de esa disputa. Si hoy el gobierno plantea reformar al Poder Judicial atropellando ciertos principios republicanos elementales, no es por otra cosa más que por su conflicto con el Grupo Clarín, al cual esperan vencer definitivamente alterando con brusquedad el mecanismo de elección de jueces y reduciendo las funciones y atribuciones de este poder del Estado.

Hijos de la misma madre

Compañeros de ruta
Lo curioso es que antes de ser el Grupo Clarín y los kirchneristas los enemigos acérrimos que son ahora, en su momento fueron grandes compinches. Es que ambos compartían el mismo objetivo: hacer dinero. Tener dinero es importante para poder sobrevivir en el mundo contemporáneo, pero cuando la existencia de alguien se reduce casi exclusivamente a pensar los modos de llenarse los bolsillos entonces se ha caído en la miseria. El miserable no es aquel que carece de todo, sino el que tiene todo y quiere seguir teniendo más porque le falta un propósito en la vida diferente al de agrandar su patrimonio, o sea es el que ha convertido al dinero en un fin y no en un medio. Tanto los directivos del Grupo Clarín como los kirchneristas cubren el rol del miserable a la perfección.

Cuando se planteó una verdadera división en la sociedad argentina –una división basada no en intereses económicos sino en valores comunes– el kirchnerismo y el Grupo Clarín coincidieron. Me refiero, claro, a momentos patéticos como la aprobación del matrimonio entre homosexuales: en esa oportunidad la gran mayoría de los kirchneristas (incluyendo al propio Néstor Kirchner) se inclinó por legitimar la aberración, del mismo modo que el Grupo Clarín utilizó sus espacios para multiplicar las voces que vendían la impostura homosexualista sin hacer demasiado para desenmascararla. A los periodistas de Clarín, TN y Radio Mitre los vemos a diario informando sobre los deslices y delitos de militantes y funcionarios kirchneristas; ¡que lindo hubiese sido verlos trabajar así en contra de los elegebetistas y sus mentiras!

La oposición automática

La actitud del Grupo Clarín frente al asunto del matrimonio entre homosexuales, esa actitud cobarde de no querer buscar decir la verdad o de no querer distinguirla claramente de la niebla de mentiras que la rodea, muestra lo que en realidad es esa corporación. Se deduce de allí que cuando los de Clarín apoyaron a los ruralistas no lo hicieron porque fuese lo justo, lo hicieron porque era lo que les convenía en ese momento.  

Ahora esa priorización de lo conveniente por sobre lo justo se produce dramáticamente para la gente del Grupo Clarín. Lo vemos, por ejemplo, en el modo en que recientemente hablaron de Alfredo Olmedo en torno a la votación de la reforma del Poder Judicial. Algunos think tanks lobbistas como CIPPEC, Poder Ciudadano y la ADC (la misma ONG que patrocinó movidas para prohibir la enseñanza de la religión en escuelas públicas de Salta) realizaron una campaña para que una docena de diputados cuya posición en relación al tema no era fácil de definir optaran por bloquear el proyecto del oficialismo.

Convirtiendo a la democracia en un juego de héroes y villanos
Lo que en el fondo los lobbistas pedían es que ninguno de esos diputados diese quórum, pues para frenar la sanción de las reformas al Poder Judicial la única posibilidad era que no se votase, ya que al kirchnerismo siempre le alcanzó para lograr la mayoría. Olmedo anticipó que no se iba a negar a dar quórum, ya que es leal a la idea de que el ausentismo voluntario por parte de un parlamentario es una burla irrespetuosa al trabajador argentino, y se supo de boca de sus allegados que nuestro diputado iba a votar negativamente. Eso es todo. Sin embargo Clarín aprovechó la oportunidad para atacar a alguien que no es un kirchnerista pero que tampoco es un opositor, publicando un artículo en donde –sin simular imparcialidad o neutralidad– valoran negativamente una serie de brillantes propuestas olmedianas para mejorar la calidad de vida y lograr la armonía social en este país. 

Olmedo es de la gente de Salta, del pueblo argentino, un independiente que, según sus convicciones, valores y principios, vota a favor cuando es necesario y en contra cuando hace falta. El Grupo Clarín, inmerso en su fatal lucha contra el kirchnerismo (fatal para los que no estamos ni con unos ni con otros), no le perdona a Olmedo que no se deje controlar automáticamente, no le perdona que trabaje para los ciudadanos argentinos y no para las cajas fuertes de Herrera de Noble, Magnetto y los demás millonarios. Y si no se lo perdona a él, tampoco nos los perdona a los millones de argentinos que, a diferencia de ellos, no somos unos miserables.