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domingo, 26 de octubre de 2014

El olmedismo como oportunidad


Tras el acto de lanzamiento de la candidatura a gobernador de Juan Carlos Romero me quedé pensando en lo que eso significa. Había mucha gente presente, militantes y referentes de diversas fuerzas políticas. Romero habló como sabe hacerlo. Es otra campaña más para el Senador Nacional.

Ahora bien, ¿qué hay de Olmedo? Durante el acto romerista, el Diputado Nacional (MC) habló de la educación y la seguridad, y declaró que sus enemigos son el narcotráfico y la cultura de las drogas. También mencionó el tema de la importancia de que la juventud viva su vida de un modo sano, activo y pujante.

Olmedo tiene un buen discurso, dijo cosas que un gobernador de Salta podría llegar a decir. Sin embargo en las últimas semanas él mismo ha estado sugiriendo que se conforma con el puesto de vicegobernador. Sucede que si Olmedo concurre a las PASO contra Romero y pierde en la categoría de gobernador, entonces se quedaría afuera de la competición provincial, ya que no estaría habilitado para asumir otra candidatura. ¿Esto es realmente así?

Como desconozco con exactitud la ley que regula las PASO, calculo que Olmedo tiene razón (yo había pensado en que se podría armar una fórmula Romero-alguien de Salta Somos Todos y otra Olmedo-alguien del Frente Salteño: gane quien gane y pierda quien pierda, el candidato a vicegobernador podría renunciar y ser sustituido por Romero u Olmedo, según corresponda).

De cualquier modo, esté o no Olmedo en lo cierto, ¿por qué no arriesgarse? Olmedo como Vicegobernador significaría que el olmedismo cogobernaría Salta, lo que equivaldría a que un montón de propuestas revolucionarias tengan un eco positivo. ¿Pero cuan exitosas serían esas propuestas? Es decir, ¿podrían ellas materializarse?

Creo que el Consenso de Cambios para el Progreso de Salta (CCPS) es vital para fijar metas comunes, pero los métodos para alcanzar esas metas varían de acuerdo a cada político y a cada fuerza política. Un gobierno formado por Romero y Olmedo requerirá de mucho diálogo, y el diálogo es algo que no forma parte de la cultura política argentina. Entonces temo por el éxito de la alianza.

A lo que voy es que 2015 es una oportunidad para que el olmedismo se convierta en una fuerza política. Hoy por hoy el olmedismo es una cruzada individual de un hombre contra un sistema decadente. Muchas personas lo apoyan y lo acompañan, porque depositan en él su esperanza de ver al país frenando su caída. ¿Por qué no transformar toda esa esperanza en política?

Si el olmedismo pasa a ser un partido sólido, se podría trabajar en torno a la constitución de coaliciones. Concejales, Diputados y Senadores de Salta Somos Todos, el Frente Salteño y demás partidos apoyando la fórmula para gobernador del CCPS, pero yendo a las elecciones cada uno por separado, nucleados no en por una sábana sino según sus estilos y principios particulares: eso alimentaría a la democracia, fortalecería a la república y pondría a Salta a la vanguardia de la recuperación nacional de la política.

martes, 11 de marzo de 2014

Rocío Marengo, Andrés Suriani y el amor por interés

Suriani

Hace poco recibí en el blog la visita de Andrés Suriani, de un hijo de Suriani o de alguno de los muchos surianistas (?) que me recordó la disputa que se desencadenó entre el periodista y politólogo y la dirigencia de Salta Somos Todos después de las elecciones de noviembre último. Creo conveniente ahora dar mi opinión sobre el asunto. 

Para que no lo olvidemos, el problema, básicamente, fue el siguiente: después de las PASO provinciales, a SST le correspondía una determinada cantidad de dinero que el Estado les da a los partidos para que realicen campaña; dicho dinero fue cobrado por la gente de SST pero nunca llegó a Andrés Suriani, a la sazón el candidato amarillo a Senador Provincial por Salta capital; Suriani, después de las elecciones que perdió, denunció la situación ante la justicia y ante la prensa, sosteniendo que lo sucedido era completamente reprochable. 

En un texto que denominé "Lo que pienso de Andrés Suriani" señalé que, personalmente, comparto muchos puntos de vista políticos con él y lo admiro por encabezar una cruzada para vindicar a los vituperados Bravos de Manchalá. Lo que no me gusta de él, empero, es su pertenencia orgánica al peronismo, lo que significa que -como Bernardo Biella- no es un olmedista, no es un miembros de SST, sino que es alguien con un estilo político definido y una idea de país concreta, que no necesariamente coincide punto por punto con lo de Olmedo, y que hasta difiere radicalmente en muchas cuestiones que son esenciales. 

El olmedismo, creo no equivocarme, es un catolicismo político, una variante de la democracia cristiana, un humanismo de centro radical. El peronismo no sé bien que es, porque se ha desdibujado tanto en los últimos tiempos debido a su vocación de gobernar siempre y no dejar gobernar a los demás. Entonces definirse hoy en día como "peronista" es más o menos lo mismo que admitirse como pragmatista y rechazar lo de ser un principista. Los diversos peronismos se diferencian en eso: todos son pragmatistas, pero varían en relación a los principios con los cuales simpatizan (pero ante los cuales, claro, no adhieren plenamente). 

Marengo

Romina Arroyo fue electa concejal en la ciudad de Salta por la lista de SST. Ella representaba a "Por la Vida", el sublema que respondía a Suriani. Tras asumir su cargo, Romina Arroyo no tardó ni una semana en romper con SST y armar su propio monobloque, el cual se alineó con los concejales que responden al Intendente Isa. No creo especular maliciosamente al sostener que lo de Suriani en el Senado de la Provincia no hubiese sido muy distinto. 

En enero del año pasado escribí un texto sobre la modelo Rocío Marengo. Allí reflexionaba acerca del intento de Marengo de convertirse en candidata a un puesto electivo. En pocas palabras, lo que señalé es que, si bien a Marengo no la votaría, si sostengo que ella tendría que poder candidatearse a lo que desee sin chocar con tantos obstáculos. En Venezuela, EEUU, Canadá, el Reino Unido y muchos otros países cualquiera puede presentarse a elecciones si cumple con los requisitos mínimos, dado que en esos lugares no se precisa del respaldo de un partido, como si sucede aquí en la Argentina. 

Rocío Marengo resultó peronista

Volviendo sobre Suriani destaco lo mismo: en nuestro país, un hombre como él debería poder presentarse a cuanta elección quiera sin necesidad de usar una plataforma ajena para ocupar un cargo que ejercerá según su propio criterio. Si ello fuese posible, este choque absurdo entre Suriani y SST se habría evitado, ya que cada uno habría ido por su lado, y los malos entendidos nunca se hubiesen producido. Pero las cosas no sucedieron así, y la lógica actitud de emplear el dinero para no apoyar a un candidato más ajeno que propio terminó provocando el enojo de Suriani y sus repetidos intentos de desprestigiar lo más interesante que tiene el escenario político de la Salta actual. 

La Revolución Amarilla

Hace tiempo que vengo hablando de la necesidad de que Salta viva una Revolución Amarilla. La misma consistiría, simplemente, en la apertura de la política a la ciudadanía. Es decir lo que propongo -y creo que es factible a través de Salta Somos Todos- es acabar con la politiquería, acabar con los candidatos veletas y sin principios, acabar con los que se sirven de la política como si fuese una pyme, acabar con los que se creen dueños de la política, y permitirle el acceso a los que tienen voto pero no tienen voz. 

Para esto es necesario no un partido, no un PJ o un PO, o algo así, sino que más bien se precisa de un movimiento. Un movimiento que lleve al poder a gente que esté lista para producir el cambio y no a los que quieren cambiarse de bloque una vez que asumieron el cargo. Sinceramente me gustaría ver en Salta eso que he señalado: candidaturas libres e independientes, para que todos los Biella, todas las Arroyo y todos los Suriani hagan sus propuestas, manejen sus recursos, consigan sus puestos y hagan lo que tienen que hacer en nombre del pueblo, al mismo tiempo que SST recupera a la virtud republicana y cambia el rumbo decadente en el que vive el país.  

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Olmedo al gobierno, Cristo al poder

Dos soldados de Cristo
Las juras

El lunes pasado asumieron los legisladores provinciales en Salta y lo más curioso que tuvo la ceremonia fueron las juras (sería bueno que, en lugar de que el evento se desarrolle el último lunes de noviembre, ocurra en cambio durante el último domingo del onceavo mes, ya que ese día se celebra la Solemnidad de Cristo Rey; serviría ello para recordarles a todos los electos que no son empleados de tal o cual líder, sino que son súbditos del Rey del Universo, al cual le deben infinita lealtad y obediencia).

Por un lado estuvieron los miembros del Partido Obrero que, como era de esperarse, pidieron no jurar ni sobre una Biblia ni sobre una Constitución Provincial, por lo que terminaron jurando sobre sí mismos. En su fórmula de juramento invocaron al “socialismo” y a la “clase obrera”. Pero junto a esos payasos, por otro lado estuvo Alejandro Nieva, quien juró por Alfredo Olmedo y por el Proyecto Salta Somos Todos 2015.

El gesto de Nieva, aunque peculiar, habla del compromiso de este hombre con un conjunto de ideas y propuestas pensadas para mejorar la calidad de vida de los salteños. También deja entrever que Nieva es un hombre leal a un líder, lo cual en principio no está mal.

Judas vestido de amarillo

El olmedismo, tanto a nivel nacional como a nivel provincial, ha fallado a la hora de articular un equipo parlamentario. Bernardo Biella llegó al Congreso de la Nación con una gorra amarilla, pero no tardó nada en acomodarse donde le pareció más provechoso para su bolsillo. Pese a su manifiesto individualismo, al menos Biella no ha traicionado sus ideales de defensa de la Vida, pero tampoco ha hecho demasiado para agitar esa bandera (por ejemplo cuando hace unos meses se convocó la sesión especial para tratar el tema del aborto, sólo Alfredo Olmedo asistió para evitar que en la Argentina se legalice el genocidio, en tanto que Biella brilló por su ausencia: así como no ha sido muy prudente como la paloma, así tampoco el médico ha sido muy astuto como la serpiente).

En el parlamento salteño la historia de acercamientos y alejamientos no ha sido muy diferente. Durante 2011 el Diputado Marcelo Bernad y la Diputada Liliana Mazzone decidieron sumarse a Salta Somos Todos y llevar al congreso local a la iniciativa amarilla. Pero un año después, sorpresivamente, Mazzone dijo que disintieron con Olmedo a la hora de avalar algunos proyectos (como el de la castración a violadores y el del tercer baño para homosexuales) y ella junto a Bernad dejaron SST para armar el Frente Democrático, que en las últimas elecciones se alineó del lado de Juan Carlos Romero. Sin embargo Mazzone no encontró lugar en ninguna de las listas romeristas, y terminó acusando al Júcaro de haberle “robado” la senaduría a Olmedo y diciendo que su ruptura con nuestro Diputado Nacional nunca fue definitiva. Lo que vulgarmente se llama "acomodarse".

La tarea apostólica

Pues bien, ante este escenario, reconforta saber que Nieva no apostará a la traición, que él no utilizó la gorra amarilla para lograr un puesto y después negociarlo con el Oficialismo o la Oposición para su beneficio personal.

¿Pero acaso eso es suficiente? Uno de los motivos por los que admiro a Olmedo es porque él representa uno de los pocos hombres de poder argentinos que han entendido la política como una tarea apostólica –actitud que debería de ser la habitual entre quienes se consideran cristianos. Todas las propuestas de Olmedo en la Cámara de Diputados de la Nación han tenido como objetivo diseñar leyes que contribuyan al cultivo de la virtud y al repudio del vicio. Quienes han visto en algunos proyectos olmedianos meras extravagancias populistas han juzgado desde el prejuicio y la estrechez mental aquello que era un camino innovador para la recuperación del orden cristiano del mundo.

La Revolución Amarilla está en marcha. Para que triunfe sólo hacen falta hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, muchos salteños, que quieran el fin de la corrupción, que amen la vida, que protejan lo propio, y que rechacen la mentira, es decir, sólo hace falta gente dispuesta a vivir el Evangelio, no sólo en el interior de sus casas, sino también en sus vecindades, en sus barrios, en sus pueblos y en sus ciudades.