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lunes, 4 de agosto de 2014

Dádivas si, derechos no

La noticia de que Juan Manuel Urtubey vetó un artículo de la ley que prorroga el convenio entre la Provincia de Salta y el Banco Macro causó indignación entre propios y extraños. El artículo en cuestión decía que el Banco Macro debe, en los próximos años, abrir sucursales y colocar cajeros electrónicos en diversas ciudades para facilitarle a la ciudadanía la realización de operaciones bancarias en territorio provincial. Era lo mínimo que se le pedía después de que se les regalara otros 12 años de provechosa actividad en la provincia sin someterlos a un proceso de licitación. 

Juan Manuel Urtubey, gerente del Banco Macro,
y Jorge Brito, gobernador de Salta
A través del veto de Urtubey, el Banco Macro se ahorra cerca de 300 millones de pesos en inversión, lo que significa, al mismo tiempo, que los cientos de miles de salteños que concurren a ese banco se verán obligados a sufrir en carne propia de esa falta de inversión. 

Realmente la situación es indignante: encima que el PJ les ahorra la licitación pública a los del Macro (en algo que resulta un claro atropello contra la gente, producto de un negociado entre el banco y los gobernantes de turno), la institución bancaria no tiene la cortesía de brindarle un servicio decente a los salteños. Urtubey parece más un gerente del banco que un gobernador del pueblo salteño.  

Lo más chocante de todo es que en Salta, gracias al fetichismo tecnológico de los demagogos, obligan a colocar urnas electrónicas los días de las elecciones. ¿Pueden poner esos aparatejos pero no pueden poner cajeros? 

sábado, 15 de febrero de 2014

Las desventuras del voto electrónico en Salta

El Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) realizó un informe sobre la experiencia del voto electrónico en Salta y señaló algo interesante:
Según un informe oficial que envió el CIPPEC, institución que siguió de cerca el proceso del voto electrónico en Salta, la crítica principal tiene que ver con la falta de capacitación a los electores. 
Así lo informó la secretaria del Tribunal Electoral, Teresa Ovejero, quien explicó que el informe sostiene que la capacitación debe darse por sectores, es decir por franjas etarias y lugares, ya que en las elecciones pasadas se observó que los mayores de 50 años tuvieron dificultad para votar.
Yo creo que, en lugar de estar llevando a jubilados a tomar clases de voto electrónico, debería habilitarse la opción del voto tradicional como alternativa. Es decir, si el día de la elecciones alguien opta por no votar electrónicamente entonces debería tener acceso a un sobre y una papeleta única en la que figuren todos los candidatos. Eso garantizaría la total ausencia de conflictos a la hora de votar, cosa que el sistema de electrovoto, por más que impulse la capacitación, no puede garantizar. 

lunes, 7 de octubre de 2013

Fracaso electrónico

No creo que sea una exageración sostener que las PASO de ayer fueron un fracaso. En Orán, el  Diputado Nacional Alfredo Olmedo fue uno de los primeros en señalar que el acto de elegir autoridades estaba siendo opacado por el sistema dispuesto para ello. Desde las páginas de El Tribuno, es decir desde el órgano oficial del romerismo, se llegó a calificar de “jornada caótica” al episodio electoral de ayer.

El voto electrónico generó toda clase de problemas en Salta. Creo que el mejor resumen sobre lo ocurrido con la nefasta innovación lo proporcionan los Caro Figueroa:
El paso "a producción" de un sistema que solo se había ensayado de forma parcial en elecciones anteriores, desmintió en pocas horas varios años de propaganda gubernamental en torno a la comodidad y eficiencia del nuevo sistema. 
El dispar comportamiento de las máquinas y la deficiente formación de autoridades de mesa, técnicos, fiscales, apoderados y electores, condujo a un caos solo superado por la enorme cantidad de candidaturas que se ofrecían a los ojos (y dedos) de los votantes. 
Las reclamaciones comenzaron desde hora temprana y se centraron en dos aspectos principales: el imprevisible comportamiento de las máquinas y las largas esperas para poder utilizarlas. 
La sencillez del sistema saltó por los aires cuando los electores debieron enfrentar colas de hasta una hora en escuelas poco preparadas para las esperas prolongadas. 
La privacidad del voto desapareció, no solo porque el emplazamiento de las máquinas no guardaba en muchos casos la distancia necesaria para asegurar al elector un mínimo espacio de intimidad, sino porque muchas personas necesitaron de la asistencia de otras para poder grabar su voto. 
Muchas máquinas dejaron de funcionar y debieron ser reemplazadas por otras, sin que las autoridades de mesa pudieran asegurarse que el mal funcionamiento no afectó la forma en que las boletas fueron grabadas por la máquina fallida. Las impresoras con que los terminales vienen equipadas provocaron más de un inconveniente que acentuaron los retrasos y los enojos entre los electores. 
Contrariamente a lo que afirmaba la propaganda del gobierno, el voto electrónico no impidió el despliegue de prácticas corruptas y de intentos de fraude. 
Varias personas resultaron detenidas al comprobarse que ofrecían dinero a los electores a cambio de su voto. A diferencia de elecciones anteriores, el sistema extorsivo tenía ahora algún viso de prosperar, ya que con el voto electrónico el elector se retira de la mesa con un comprobante impreso de su elección, algo que no sucede con el voto de papel. 
Muchos activistas rentados por los partidos se disfrazaron de instructores del Tribunal Electoral para inducir el voto de los electores menos avisados frente a los terminales de práctica dispuestos en la mayoría de las escuelas. 
La comunicación de los datos del recuento sufrió una inusual interrupción de una hora, echando por tierra la especulación del gobierno en torno a que los datos se conocerían con mucha mayor anticipación que en elecciones anteriores. Las protestas generalizadas no consiguieron empero que la autoridad electoral despejara las dudas acerca de la verdadera causa de tan prolongado corte en la comunicación de los resultados.
¿Y cuáles fueron los beneficios de todo este suplicio? Creo que ninguno. Hoy vemos que en Capital el PJ, el PO, Salta Somos Todos y el Frente Salteño eran las cuatro fuerzas más votadas. ¿Pero esto es realmente así? ¿Podemos estar seguros de ello después de tanto voto cantado, cortes en la fibra óptica y emisión de comprobantes útiles para el ejercicio del clientelismo? El voto electrónico me deja más dudas que certezas.

jueves, 12 de septiembre de 2013

La máquina de votar o el voto maquinado

En un artículo publicado en El Tribuno de hoy, Armando Frezze reflexiona en torno a las urnas electrónicas y escribe esto:
Sus defensores describían entonces la equidad y la transparencia del sistema, su fiscalización segura y la eficiente rapidez con la que entregaba los resultados, exponiendo como fundamento las experiencias parciales desarrolladas en los comicios de 2009, 2010 y 2011. Sus detractores, con igual entusiasmo, subrayaban la falta de confiabilidad, enumerando las democracias del primer mundo que han probado y luego desechado la votación electrónica por insegura. También se oponían porque la tecnología a utilizar no era de propiedad estatal y porque la puesta en marcha no nació de la Legislatura provincial ni del Tribunal Electoral sino que fue una iniciativa privada de una empresa comercial, algo que los más escépticos describieron como una privatización de las elecciones salteñas. El tiempo fue diluyendo las discusiones, aunque no ganando consenso.
Es cierto que las discusiones se diluyeron, porque en realidad las discusiones nunca se dieron. Lo que si se dio fueron un montón de chicanas de bajo calibre: recuerdo, entre otras cosas, al Indio Godoy diciendo que los que criticábamos a las urnas electrónicas suponíamos que había un enano adentro cambiando los resultados. 

Ahora Salta está condenada a esta práctica. En unas cuantas semanas se sabrá exactamente cuan tremendo ha sido el fraude orquestado por los que manipulan las máquinas, y cuan grande es el desprecio por parte de los gobernantes de turno de la decisión de los ciudadanos.