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martes, 10 de marzo de 2015

Liendro: cerrá la cola un minuto aunque sea

Mercedes Junco hizo algo políticamente incorrecto: decir la verdad. “Muchas veces la violencia [doméstica] es culpa de las mujeres” fue la frase que pronunció en un programa de televisión.

Descontextualizadas, las palabras de Junco suenan raras, más considerando que ella es una funcionaria del gobierno salteño que trabaja en el Ministerio de Derechos Humanos de la provincia. Sin embargo lo que dijo es coherente, y no sólo eso: también es perfectamente consistente con el discurso oficial del progresismo contemporáneo. En efecto, Junco sostuvo que las madres deben adquirir el hábito de distribuir las tareas hogareñas entre todos sus hijos (mujeres y varones), ya que la costumbre actual entre las mujeres con las que trata a diario, mujeres provenientes de los sectores más carenciados, es la de inculcarle a las hijas mujeres las tradiciones hogareñas y evitarles a los hijos varones el aprendizaje de las mismas. Esto, según Junco, genera una relación conflictiva entre hombres y mujeres, porque el sistema laboral actual obliga a que las mujeres dejen la seguridad del hogar para ir a buscar el sustento material junto a los maridos (si es que los tienen), entonces ya no se puede criar a los hijos según ese patrón de comportamiento en el que ellas permanecían en casa y ellos andaban afuera. Las mujeres mismas, según esta perspectiva, estarían perpetuando el modelo de la mujer sumisa y el hombre autoritario.

El discurso de Junco es perfectamente realista. En lo personal creo que el Estado debería hacer más por mantener vigente el modelo tradicional de familia y las prácticas sociales que de él emanan, pero se comprende que Junco, desde su posición en Derechos Humanos, hace y dice lo que juzga como lo más provechoso en el escenario actual.

Ahora bien, el problema es que Rodrigo “Victoria” Liendro ignoró (¿a propósito?) todo lo que Junco dijo, y sólo se quedó con la frase de que a la culpa de la violencia doméstica la tienen en ocasiones las mujeres. Desde su cuenta de Twitter, este muchacho no vaciló en repudiar a Junco. Y, por supuesto, la prensa a la que le encantan los pleitos recogió las tonterías de este inepto de Liendro y desató una jornada de linchamiento contra Junco.

Liendro, más allá de cobrar un abultado salario como funcionario municipal salteño, no ha hecho nada por Salta más que, desde su posición, generar disputas y conflictos. El sujeto no está en el gobierno para sumar, no pretende mejorar la vida de los salteños, sólo le interesa impulsar su agenda: el elegebetismo. Pero el verdadero problema no es él, es aquel que se lo permite, es, en este caso, Miguel Isa, actual Intendente de Salta, y ladero de Urtubey en las próximas elecciones. 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Humilde propuesta a ex-Rodrigo Liendro

"¡Habla marica!"
Tomando en cuenta que Liendro se ha convertido en un cruzado de la igualdad entre los sexos, se me ocurrió elevarle esta propuesta: pedirle al Poder Judicial que, en caso de divorcio, la tenencia de los hijos del matrimonio no recaiga irreflexiva y automáticamente en la madre.  

Hoy en día cuando los matrimonios se rompen, muchos hombres o mujeres abandonan a sus hijos, pero otros buscan mantener los lazos vigentes. Sin embargo a éstos últimos suele sucederles que encuentran barrares para ello, pues que el cónyuge con la tenencia se niega sistemáticamente a que el padre divorciado se acerque a sus hijos. Esta situación, normalmente, está protagonizada por mujeres que le obstruyen el ejercicio de la paternidad a sus ex-maridos. La mayor parte de los hombres que se encuentran en esa situación señalan que los jueces privilegian a las mujeres: si tienen que elegir entre darle la tenencia a un hombre o a una mujer, los jueces eligen la mujer. No lo piensan, no lo analizan, no estudian el caso, simplemente emiten el escrito correspondiente en donde estipulan que a los hijos los criará la madre, y sólo en ocasiones muy especiales ocurre lo contrario. 

Esto, desde la perspectiva "liendrista", es una cosificación de la mujer, debido a que ella es considerada automáticamente como un ser capaz de la maternidad, tal vez programado biológicamente para ello. 

Por tanto, si el elegebetista Liendro quiere ser coherente consigo mismo, debería apoyar esta propuesta y ponerse en campaña para promoverla, justo igual a como hizo con eso de la "entrada igualitaria". 

viernes, 1 de agosto de 2014

El doble discurso

La falaz guerra de los sexos

En mayo del año pasado, el Gobernador Juan Manuel Urtubey anunció con bombos y platillos la incorporación a su administración de un travestido que dice llamarse Mary Robles. Se suponía que este hombre cobraría un sueldo del Estado para trabajar en beneficio del pueblo salteño. Así, lo primero que se le ocurrió a este iluminado fue llamar a revisar el Código de Contravenciones de la provincia para que los hombres travestidos puedan ejercer la prostitución en la vía pública sin ser importunados por la policía. Al final unos meses después el propio Robles se desvinculó del gobierno, después de que los funcionarios urtubeycistas le negaran la chequera que creía iba a poseer (aunque la excusa oficial fue que se sintió ofendido cuando una ministra le señaló a Robles que si quería que el Gobernador se reuniera con sus amigotes travestidos procurara evitar hacerlo partícipe de un corso carnavalesco). 

Pues bien, este año Salta no se privó de promover a un nuevo travestido al poder para que éste se encargue de sugerir ridiculeces. Me refiero, claro, a Rodrigo Liendro, un antiguo afiliado al Partido Socialista, que se incorporó al gabinete del Intendente de Salta en el rol de jefe de algo bautizado como “Dirección General de la Diversidad”: desde allí, lo primero que hizo este sujeto fue pedir la abolición de la entrada diferencial en los locales bailables de la capital provincial y su reemplazo por la entrada única. Es decir Liendro exige que hombres y mujeres paguen lo mismo para ingresar a una discoteca, buscando así eliminar la gratuidad de la que normalmente gozan las mujeres en la noche bolichera.

La idea de Liendro fue rechazada por los empresarios del rubro afectado, ya que la consideran una intromisión comunista en un asunto capitalista. Ellos declaran ser libres de imponer los precios que crean convenientes para asegurar la rentabilidad de su negocio. Para Liendro, en cambio, esa práctica es discriminatoria, ya que en su mente la caballerosidad “cosifica” a las mujeres. Las feministas se dejaron convencer por semejante imbecilidad, y por ello se pusieron del lado de Liendro.

De todos modos lo del Director Municipal de la Diversidad es patético, pues subestima a las mujeres. En efecto, alguien debería avisarle que la gratuidad de la entrada no es obligatoria, por lo que si una mujer se siente ofendida por ello nada le impide que desembolse el monto correspondiente en la boletería y “recupere” la dignidad que creyó haber perdido. Si las mujeres no lo hacen, no es porque sean esclavas mentales de una falocracia que hay que erradicar a fuerza de leyes represivas y lavado de cerebros, es porque, simplemente, deciden no hacerlo. La mayoría se manifiesta a favor de algo. Es la democracia en marcha, aunque le pese a Liendro.

Oportunismo

El origen de la propuesta de Liendro es el travestismo: en muchas discotecas dejan ingresar gratis a las mujeres, les cobran una entrada a los hombres, y a los travestidos les hacen pagar un par de pesos de más. Es la manera que un local bailable tiene de seleccionar a su clientela, haciéndole un favor tanto a los que convoca como a los que excluye. Pues bien, esta diferenciación de las personas según su orientación sexual resulta aberrante para los elegebetistas, quienes sostienen que las personas somos todas iguales.

Con esa consigna del igualitarismo, los grupos de presión de invertidos consiguieron hace no mucho que se les levanten las restricciones a los homosexuales para donar sangre en algunas provincias, y estuvieron a punto de lograr que ello suceda a nivel nacional (debido a una ley que aprobó casi con unanimidad la Cámara de Diputados –Alfredo Olmedo se opuso a esa aberración– y que luego, gracias a Dios, durmió en los cajones del Senado de la Nación sin llegar a ser refrendada).

Ahora bien, mientras que los elegebetistas predican la igualdad en unos casos, ellos mismos se encargan de contradecirse en otros. Son escandalosamente incoherentes. Son tan burdos de hecho, que detenerse a ponderar lo que dicen con un mínimo de seriedad resulta una afrenta a la propia inteligencia; sin embargo la moda actual consiste en anularse el sentido común y cercenarse la capacidad de razonar para que se imponga la corrección política.

Y si a alguien le parece que lo que sostengo es errado, basta con recordar que en julio la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA) le presentó a Matías Posadas, actual interventor del Instituto Provincial de la Vivienda de Salta, un proyecto en el que le demandan al Estado salteño la reserva de un “cupo gay” de las casas que construyen. ¿No es eso una avivada que perjudica a la mayoría a la que los homosexuales y demás ralea pretenden asimilarse?

La mente abierta y la cola cerrada  

En la Argentina, gracias a esas aberraciones jurídicas de la Ley de Matrimonio Homosexual y de la Ley de Adulteración de Género, los homosexuales son percibidos por el Estado como poseedores de idénticos derechos que los normales. Entonces si un hombre al que le gusta que le empepinen la retaguardia quiere una casa construida con dinero público, debe seguir con los mismos procedimientos que sigue cualquier otra persona (debe, ante todo, contraer matrimonio y anotarse en el padrón de solicitantes, ya que la prioridad en vivienda la tienen las familias). Esto, según parece, les resulta chocante a los elegebetistas, que son los mismos elegebetistas que quieren donar sangre e ingresar a discotecas de exactamente el mismo modo en que lo hace el resto de la gente.

Para acabar con este flagrante doble discurso –que lo único que busca es llenar de privilegios a una minoría y, al mismo tiempo, eximirla de sus obligaciones– es necesario que las leyes sancionadas en el último lustro sean severamente revisadas. Eso de permitirles a dos hombres o a dos mujeres casarse y adoptar hijos es un grave error. Sería bueno que alguna comisión especial parlamentaria, algún organismo del gobierno, alguna universidad o alguna ONG desarrolle una investigación detallada sobre el universo de las bodas gays. Es necesario que se nos informe a los argentinos sobre cuántas parejas de homosexuales homologó el Estado, cómo están conformadas dichas parejas, cuántos divorcios ya se produjeron, y datos de esa índole. No creo equivocarme al sostener que la información recabada nos sorprenderían un poco, ya que develarían de qué manera funciona la dinámica amatoria de los homosexuales (la cual es diferente de la de las personas normales), y que precisa, de un lado, de un régimen distinto al de la familia para ser regulada, y del otro, ¿por qué no?, requiere de un tratamiento adecuado para alcanzar su cura. Es así, ante la homosexualidad hay que mantener la mente abierta: hay que investigarla eludiendo los dogmas contemporáneos que buscan bloquear toda discusión acerca de su dimensión patológica, y hay que mantener la cola cerrada para que no se nos escape toda la mierda que pronuncian los que están a favor de esta lamentable violación del orden natural.   

lunes, 14 de julio de 2014

El orden natural: una lección para Rodrigo Liendro

La bobería de la “equidad de entrada” planteada por Liendro ha generado algunas reflexiones interesantes. Entre ellas se encuentra una de Álvaro Ulloa que creo que vale la pena comentarla, pues me permite a mí desarrollar ciertas cuestiones teóricas.

En su reflexión sobre la propuesta de Liendro, Ulloa pone el dedo en dos llagas: la de la naturaleza humana y la de la discriminación positiva. 

Naturaleza y Cultura

Ulloa señala que la especie humana, como creatura biológica, se comporta según unos patrones hereditarios. Los machos buscan instintivamente a las hembras –especialmente a las hembras en el pico de su edad reproductiva. Mientras mayor sea la concentración de hembras, probablemente también lo sea la de machos. Entonces sacrificar la entrada de una mujer se traduce en mayor ganancia para el dueño de la discoteca, ya que si logra que el número de hombres duplique al de mujeres habrá empatado, y si logra que lo triplique entonces estará ganando una suma de dinero que de otro modo no ganaría.

Esto que señala Ulloa se llama orden natural. Liendro, habituado a violentar el orden natural, es incapaz de seguir el hilo de ese razonamiento. Para él salir un sábado por la noche a un boliche no es un ritual reproductivo el cual se abandona una vez que se ha consumado, sino que se trata de un horizonte de sentido. Como él es incapaz de reproducirse con gente de su mismo sexo, entonces a la discoteca la entiende no como el lugar en donde pescar un marido y formar una familia sino como un supermercado de falos en el cual comprar o mendigar para pasar satisfecho la semana. De allí que, con la edad que tiene, todavía sea un habitué de esos lugares.

El privilegio, el derecho y la obligación

Ulloa señala que es habitual “discriminar” a ancianos y niños haciéndoles descuentos (de hecho en Salta el gobierno provincial lanzó un programa para que los jubilados y los escolares viajen sin pagar en los colectivos urbanos de la provincia). ¿Es algo así indeseable? Ulloa sostiene que no. Yo coincido con él.

Aquí hace falta aclarar algunas nociones fundamentales: privilegio, obligación y derecho. El privilegio consiste en darle a alguien un poco más de lo que merece. El anciano y el niño, personas que cuentan con una autonomía más bien limitada, gozan de beneficios extras para que sus vidas no se vuelvan más complicadas. Quizás hayan algunos individuos que no los merezcan (niños que devendrán delincuentes o delincuentes devenidos ancianos), pero ese privilegio normalmente termina siendo una inversión a futuro o el pago atrasado de una deuda. No hay una cosificación en ese acto de privilegiar sino todo lo contrario: es el reconocimiento de la fragilidad de un individuo y todo el sufrimiento que esto genera, es, por ende, una humanización del mismo.

La obligación, por su parte, es una carga que debe tolerarse para que existan derechos y privilegios. Si yo decido que los niños o los ancianos no paguen una entrada, alguien tiene que pagar la entrada por ellos. Si, supongamos, yo no cumplo con mi obligación tributaria, entonces el dinero destinado a cubrir el gasto del niño y del anciano nunca llega a destino y a ellos se les revoca el privilegio que tienen. No hay inversión ni cancelación de deuda, porque no hay pago depositado.

Finalmente el derecho, a diferencia del privilegio o de la obligación, es más abarcativo, pues se trata de todo aquello pensado para cubrir las necesidades de un individuo, sea niño, anciano o adulto. Si se tiene una necesidad de algo, entonces debe existir un derecho. Es el salario que tengo para comprar lo que está en la canasta básica. Se supone que hay una diferencia sustancial entre necesidad y deseo: yo puedo desear mil cosas (puedo desea volar, puedo desear drogarme, puedo desear tener hijos siendo soltero y amante de otros varones, etc.) pero sólo tengo verdadera necesidad de unas pocas de esas cosas. Y allí está el conflicto.

Lo que subyace en el fondo de los privilegios

Para Liendro la mujer tiene necesidad de igualdad, por ello el Estado debe garantizársela. Con esa lógica, un niño podría sostener lo mismo y empezar a votar, a firmar contratos o a tener armas sin que haya terminado de aprender a atarse los cordones.

La mujer y el hombre son iguales como personas, pero difieren como seres biológicos. Tienen dos fisionomías y dos fisiologías diferentes, porque son seres orgánicamente distintos. El hombre no es superior a la mujer, del mismo modo en que la mujer no es superior al hombre: habrá cosas que un hombre puede hacer mejor que una mujer, como habrá otras que la mujer puede hacer mejor que el hombre. Ignorar esto es malicioso. Y no sólo eso, también es estúpido: una de las propuestas de Liendro consiste en aumentar el cupo femenino del 30% al 50% en cargos públicos. ¿Acaso en los cargos públicos, es decir en los puestos de poder, no es mejor tener a los más capaces antes que a la misma cantidad de hombres y mujeres? Si los más capaces son todas mujeres, yo las prefiero por sobre un conjunto de hombres que no sirven para hacer lo suyo y viceversa.

Está claro que la mujer no tiene “necesidad de igualdad” porque ya es una igual. Igual, en este caso, no quiere decir lo mismo que el hombre: para que ello suceda, la mujer debería tener órganos completamente distintos, vale decir debería violentar el orden natural. Igual, en realidad, remite al derecho y a la obligación. La mujer goza de los mismos derechos que el hombre y de las mismas obligaciones. ¿Eso conforma a la mujer? Normalmente no: muchas veces considera que hay cosas que desea que deben convertirse en derechos, del mismo modo en que considera que hay obligaciones que son demasiado pesadas para ellas. Para compensar ello, a la mujer se le otorgan ciertos privilegios, que en realidad están estrechamente vinculados al orden natural. O sea como el orden cultural es, a veces, muy pesado para la naturaleza de la mujer, se les hace concesiones para alivianárselo.

La tarea de un político se reduce a eso: gobernar para garantizar derechos, distribuir obligaciones y conceder privilegios de modo tal que la cultura no sobrepase a la naturaleza ni que la naturaleza sobrepase a la cultura, es decir de modo tal que se consiga la armonía entre el orden natural y el orden cultural.

jueves, 10 de julio de 2014

La que te cuelga no te deja pensar bien

Rodrigo Liendro es un travestido que trabaja en la Municipalidad de Salta. Su nuevo DNI lo sindica como mujer, pero la naturaleza se empecina en mantenerlo como varón. Al parecer esa identidad confusa, en lugar de ser un problema para él, terminó siendo una bendición, pues el Intendente Miguel Isa lo convocó para que se integre a la Municipalidad en el rol de funcionario.

Liendro coordina un organismo llamado algo así como Dirección General de la Diversidad. Nadie sabe bien para qué sirve exactamente este organismo, pero todos están seguro que quienes lo integran cobran sueldos bastante generosos.

Pues bien, recientemente Liendro envió un proyecto al Concejo Deliberante de Salta para que se iguale el precio de entrada en los locales bailables. Al parecer a este personaje le molesta el famoso "damas gratis".

En principio uno podría pensar que Liendro propone que, así como se permite que las mujeres entren a un boliche y no paguen, así también los hombres deberían gozar de la gratuitidad, para evitar una situación de discriminación. Pero no es eso a lo que apunta Liendro. En su mente convertir privilegios en derechos es deseable, siempre y cuando el beneficiado no sea un hombre, ya que eso alimentaría la cultura "falogocrática" y sandeces por el estilo. Por tanto, lo que Liendro propone en realidad es que la mujer se vea a partir de ahora obligada a pagar su entrada: su idea es revocarle sus privilegios.

Detrás de ese "igualitarismo" está la idea de que una mujer, para hacerse respetar, debe estar a la misma altura que los hombres. Esto es impracticable, pues si bien pueden modificarse las diferencias culturales, JAMÁS podrán modificarse las diferencias biológicas. Si hoy en día las mujeres gozan de privilegios es gracias a que se encuentran en una situación de desventaja biológica, la cual es compensada culturalmente. Borrar la diferencia cultural es generar desequilibrio (con la misma lógica de Liendro las licencias por maternidad deberían ser más cortas y las mujeres deberían esperar más para jubilarse).

En realidad lo que propone Liendro suena tan estúpido porque él incluye entre el conjunto de las mujeres a los travestidos. En muchas discotecas salteñas a los travestidos les cobran como hombres, no como mujeres. Liendro quiere revertir esa situación, pues está eliminando privilegios femeninos con la excusa de un feminismo de poco vuelo para que el travesti no se sienta diferente, cuando, precisamente, quiere ser un diferente. Embiste contra las mujeres (algo así como el 50% de la población) para favorecer a los suyos (individuos que no deben el 5% de la población).